Reabrirán el panteón Santa Clara

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Se rumora que funcionarios municipales pretenden vender las tierras para construir un centro comercial

Pnteon Santa

Comunicado

Congreso de Veracruz

El panteón de la Virgen de Santa Clara de Minatitlán tiene 93 años de historia y se ha convertido en un santuario de historia, pues alberga las tumbas de minatitlecos ilustres, manifestó la diputada Miriam Judith González Sheridan al presentar ante el Pleno de la LXIV Legislatura un anteproyecto con Punto de Acuerdo a fin de solicitar al ayuntamiento de Minatitlán la reapertura del panteón de la Virgen de Santa Clara, que se encuentra ubicado en la calle 18 de octubre número 180 entre las calles Sonora y Monterrey de la Colonia Santa Clara en el municipio de Minatitlán.

Actualmente tiene una superficie de 5.5 hectáreas y existen 20 mil tumbas y dos mil espacios libres al momento; además que los usuarios del panteón compraron lotes a título de perpetuidad, lo que como consecuencia genera un derecho de propiedad, mismo que debe ser respetado.

Dicha reapertura generaría tranquilidad a las personas que cuentan con derecho de perpetuidad en ese cementerio.

La legisladora del Distrito XXVIII de Minatitlán explicó que en 1987 sin previo aviso o notificación alguna se dio la orden y prohibieron más sepelios en ese panteón.

Desde entonces a la fecha, no se ha logrado solucionar la reapertura, a pesar de que diversos representantes públicos de todos los partidos políticos ya han gobernado Minatitlán, refirió.

La diputada de MORENA consideró necesario que se reabra este cementerio porque brindará un servicio a la población. Aunado a que los funcionarios de salud de la jurisdicción número XI-Coatzacoalcos determinaron que abrir este panteón no representa algún tipo de riesgo sanitario para la población.

“Quiero dejar muy en claro que espero se descarte la hipótesis de que funcionarios municipales de Minatitlán, pretendan hacer el cambio del uso de suelo para demoler y vender la superficie de terreno a la iniciativa privada, para la construcción de un centro comercial” enfatizó.

 

Personajes que yacen en el panteón Santa Clara y que son parte de la historia de Minatitlán

Algunos líderes sindicales Bernardo H. Simoneen, que funda junto con Apolonio G. López La Unión de Obreros Artesanos de Minatitlán. José Arenas, Antonio Ortiz Ríos, líder petrolero y primer diputado local de la época constitucionalista, y presidente municipal. Jorge H. Acosta, Apolinar Jiménez Regalado. Los primeros fueron asesinados y fueron los que iniciaron la lucha obrera para lograr la consolidación del Sindicato Petrolero a nivel nacional.

También algunos extranjeros que llegaron a trabajar con la empresa “El Águila” como Paul Basil Nelson (de Houston Texas, EU.). Y otros, más de origen japonés, chino, español. También se encuentran los restos del reconocido profesor Pablo Hernández Pérez que pese a que una escuela lleva su nombre aquí en Minatitlán, la tumba se encuentra abandonada.

De igual forma se encuentra la tumba de don Santiago Fernández, que dio nombre al callejón Fernández. Las profesoras Amelia Riverol y Hortensia Adriano Viuda de García. Del conocido profesor Hilarión Morales; Así como el patriarca húngaro Yanko Valente Garza quien en su paso por Minatitlán falleció y fue enterrado en el panteón de esta petrolera ciudad. Otilio Jop quien tuvo una muerte trágica.

 

Este anteproyecto fue turnado a la Junta de Coordinación Política para su estudio y dictamen correspondiente.

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La virgen de Guadalupe, ¿aparición o invento?

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La Guadalupana, ¿Un mito o realidad?

Artículo que explora la veracidad de las versiones sobre la supuesta aparición de la Virgen del Tepeyac y la naturaleza

Coatzacoalcos, Ver.

Juan Antonio Valencia

En el México precolombino y en el contemporáneo, la necesidad de creer en algo, en donde se pueda externar la fe, para también si es posible mistificar algún hecho; no deja de ser interesante, conocer a fondo, que mueve a ese hecho para que por cientos de años, se sostenga hasta poder alcanzar la posibilidad de un fanatismo que ha dominado en lo político, en lo social, en lo cultural y en lo económico.

Existe un libro titulado “La Guadalupana”, fue publicado en 1975 por Editores Asociados colección “El Papalote”, en él se lee de una manera muy amena, pero sobre todo convincente, datos que arrojan investigaciones en torno al caso de la probable aparición en 1531 de la Virgen de Guadalupe ante los ojos de un indígena de nombre Juan Diego.

Sobre este hecho, no son pocas las personas que niegan las apariciones de la Virgen de Guadalupe, también las desmintieron inteligentes, cultos y santos varones como Fray Servando Teresa de Mier, quien desde el púlpito de la Basílica, ante las más altas autoridades civiles y clericales, sostuvo una tesis escandalosa y aseguró: “La imagen de la señora del Tepeyac no fue plasmada en la tilma de Juan Diego, sino en la capa de Santo Tomás”, porque Santo Tomás vino a América mucho antes que Cristóbal Colón y los nativos lo llamaron Quetzalcóatl.

Las sorprendentes aseveraciones del fraile mexicano debieron ser una invitación para el estudio del presunto hecho religioso e histórico, pero en vez de ello se formuló una grave acusación formal contra el fraile, a quien se llevó a juicio y se le condenó a diez años de prisión y se le persiguió física e intelectualmente, tanto en México como en España hasta el último de sus días. Aun cuando después de transcurridos los años, Fray Servando Teresa de Mier no cesaba de referir –como Galileo con su obsesión– que la Guadalupana “Es una pintura realizada  a principios del siglo primero de la Iglesia”.

Teresa de Mier no fue el único escéptico que se enfrentó al fanatismo religioso impuesto por los conquistadores españoles; también otro fraile, Francisco de Bustamante, pronunció un sermón el 8 de septiembre de 1556 en el que pidió ¡cien azotes! para el primero que hablara de las apariciones y doscientos para quien hiciera suya la creencia y la divulgara.

El templo estaba lleno a toda su capacidad y se encontraba presente el Presidente y los oidores de la Real Audiencia, lo que fue un factor de mayor conmoción general.

El predicador fue más allá: “no es cierto -según exclamó- que la Madre de Dios se haya aparecido al humildísimo indio Juan Diego; la pintura en la tilma de Juan Diego nada tiene de divina y fue hecha ayer -dijo- por el pintor indígena Marcos Cipac. (Marcos Cipac Aquino quien lo pinto en 1550)

El fraile fue llevado a juicio por órdenes de Fray Alonso de Montufar, se le investigó, nunca se demostró su culpabilidad ni jamás fueron desmentidas sus aseveraciones. Otro ilustre negador de las apariciones fue Don Eduardo Sánchez Camacho, Obispo de Tamaulipas, quien en 1896 señaló que el famoso milagro no era más que un invento. Hasta el Virrey don Martín Enríquez se negó a creer en el fenómeno de la Ermita del Tepeyac.

Otros ilustres que negaron y se opusieron a ese proyecto, fueron, Pedro de Gante, Fray Toribio de Benavente, Fray Andrés de Olmos, Vasco de Quiroga y Fray Bartolomé de Las Casas.

Muchas son las pruebas contundentes del mito de la Guadalupana, pero bastaría con saber que Fray Juan de Zumárraga, a quien supuestamente le fue entregado el ayate por Juan Diego, jamás escribió en sus memorias del “indio pequeñito” y “bueno” que había visto a la Madre de Dios en el Tepeyac. Y esto es algo muy significativo, pues siendo partícipe de un hecho que pudiera ser histórico, si realmente sucedió; se advierte imposible, que no haya sido registrado, por quien según la leyenda, fue el receptor de la prueba de ese milagro.

Sin duda, un buen dato que prueba el mito, es que en el Archivo General de Indias en Sevilla, España, no existe ninguna mención o memoria de un hecho acontecido el 9 y el 12 de diciembre de 1531 en la Nueva España, en el que la iglesia haya tenido conocimiento de alguna aparición.

De haberse registrado tal acontecimiento, sería obvio que estaría entre los informes de la Nueva España y estarían a disposición de quien lo deseara consultar.

Como dato se debe agregar que, la virgen de Guadalupe es de origen español como la Virgen del Pilar, como se le conoce en España a la Guadalupana que se apareció en el siglo XIV a un campesino llamado Gil Blas.

El parecido entre la Virgen del Pilar de España y la Guadalupana es igual –morenas ambas–, por otra parte, la supuesta aparición de la Virgen de Guadalupe, de acuerdo a los frailes que se opusieron al mito,  fue obra de los conquistadores españoles a través de los misioneros ante la negativa de los indios a abrazar la religión católica.

Otras versiones de las épocas dan a conocer que Cuauhtlatoatzin –“el que habla como Águila”, bautizado como Juan Diego– fue engañado y utilizado por los españoles, a fin de convencer a los indígenas de que el catolicismo era la mejor opción para pacificar y evitar que siguieran adorando figuras de piedra.

El menosprecio que los españoles tenían hacia los mexicanos, no permitía que Juan Diego fuera Santo desde siglos atrás; después de que los indios abrazaron la religión católica impuesta por los españoles, éstos no dieron reconocimiento al “Indio pequeñito” pero sí protegieron el milagro del Tepeyac que generalizaba como factor primordial el catolicismo en la Nueva España.

Hasta ahí, se puede apreciar que la figura del indígena mexicano, fue utilizada para un solo fin; llevar al pueblo sometido, al catolicismo destruyendo también a los ídolos y dioses de piedra  que adoraban los mexicanos.

En una entrevista publicada por el diario Excélsior, al abad de la Basílica de Guadalupe, Guillermo Schulenburg, en la que se abordan los temas de la existencia de Juan Diego y de las apariciones de la Virgen de Guadalupe en el cerro del Tepeyac; quedan en claro algunas interpretaciones que se han hecho sobre el particular. Juan Diego no existió, es un símbolo, dice el prelado. ¿Cómo es posible —pregunta el entrevistador— que un símbolo haya sido beatificado?

El abad explica que esa beatificación no es el reconocimiento de la existencia física del indio en cuestión, sino un reconocimiento al culto. “No es, propiamente hablando, una beatificación”, precisa Schulenburg. Buena aclaración, pues mucha gente creyó o cree que, después de la beatificación viene el canonizar y, posteriormente, la elevación a los altares. ¿Puede convertirse en santo un símbolo? Sin duda, no.

Sobre la Virgen de Guadalupe, el abad explica que se trata de un sincretismo. En el cerro ahora llamado del Tepeyac,  los aztecas adoraban a una diosa llamada Tonantzin, que quiere decir nuestra madrecita. “Por ese precioso sincretismo religioso, fue sustituida, superada y cambiada por la verdadera devoción, a la verdadera madre de Dios: a la Diosinantzin y ya no la Tonantzin”. ¿Hubo un milagro? “En cualquier hipótesis la Virgen María es un milagro permanente”, dice el entrevistado. De la aparición, el Vaticano acaba de decir que no es un dogma, que el católico que no crea en ella no por eso deja de ser católico. Es decir, se trata de un acto de fe y eso es lo que mantiene viva la adoración a la Virgen Morena.

Por otra parte, José Sol Rosales, experto en conservación y restauración de obras de arte y quien retocó la imagen de la Virgen de Guadalupe, pintada en el Siglo 16 sobre una tela de lino y cáñamo (no de algodón), como afirmó Schulenburg en sus cartas al Vaticano); da a conocer sus apreciaciones sobre la pintura, (que no imagen) dijo, está realizada con colores elaborados a base de “cochinilla”, de sulfato de calcio -conocido entonces como tizatl- y de un tono negro extraído del “hollín del humo del ocote”. Todos ellos pigmentos utilizados por los pintores de la época.

Sol Rosales, quien fue director del Centro Nacional de Registro y Conservación para Obra Mueble del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), hizo el estudio a petición de Guillermo Schulenburg, entonces abad de la Basílica de Guadalupe.

El análisis  fue enviado confidencialmente al Vaticano por el abad como un “signo de honestidad y de amor a la verdad”, y también para demostrar que la imagen guadalupana “no es de origen sobrenatural”, sino “una obra pictórica humana”.

Para empezar, Sol Rosales descubrió que el famoso ayate de la Virgen -de 1.72 metros de altura por 1.09 de ancho- no está hecho de henequén, como sostiene la leyenda, sino de lino y cáñamo:

Examen microscópico del lienzo

“El examen microscópico (20-80X), su aspecto y su comportamiento me inclinan a pensar que se trata de lino con alguna mezcla de cáñamo. Estoy prácticamente seguro de que no se trata de fibras duras de tipo ixtle o henequén, como se asegura tradicionalmente, ni tampoco creo que es algodón… este tipo de lienzo puede considerarse normal en una pintura del Siglo XVI y aún en pinturas posteriores.”

Antes de que el artista pintara la imagen -refiere el perito-, cubrió la tela con unos brochazos de tinta blanca. Después, el pintor se dio a la tarea de delinear a la Guadalupana, que el estudio de Sol Rosales describe así: “Imagen de una mujer en actitud de meditación, la cabeza de tres cuartos ligeramente inclinada a la izquierda, vestida con una especie de hábito color carmín y manto azul decorado con estrellas. Está parada sobre una luna y a su vez sostenida por un ángel. El estilo es bizantinizante con pocos volúmenes y decoraciones planas de oro”. Y explica que es una pintura al temple: ( la técnica utilizada )

“La pintura es la ejecutada usando diversas variantes de la técnica modernamente conocida como temple; una de ellas, la usada en manto y ropaje, fue empleada en el Siglo 16 con el nombre de aguazo; deriva de las técnicas en la pintura de las llamadas sargas y presupone el realizar la pintura sobre el lienzo humedecido ligeramente para facilitar la fijación del color”.

Así mismo, el fondo y el resplandor de la imagen fueron ejecutados “al temple de cola”, sobre una preparación “también de cola y carbonato de cal”.

Las manos y el rostro de la Virgen “presumiblemente están ejecutados con un temple de resina o de aceites trabajados con capas de color muy delgadas que permiten que la luz que la ilumina se refleje en el fondo de color blanco, dando esa especial luminosidad”.

Sol Rosales determinó que “los elementos dorados” se aplicaron al final, cuando la pintura estaba “ya casi terminada”. Los colores utilizados para la imagen fueron negro, blanco, azul, verde, tierras, rojos y oro.”El negro seguramente es un negro de humo usado tradicionalmente en todas las épocas; se conseguía en el México del Siglo 16 recolectando el hollín del humo del ocote.

“El blanco es con toda seguridad sulfato de calcio que se conocía como tizatl, muy parecido al blanco de España usado en Europa. “Los pigmentos azul y verde son, con mucha probabilidad, óxidos básicos de cobre, conocidos como azurita en su variedad azul, o malaquita en su variedad verde.

“Las tierras son óxidos de hierro que dan una verdadera variedad de tonos pardos más o menos rojizos, según el contenido de hierro y si han sido calcinados o no. Estos eran usados profusamente en la pintura prehispánica y se encontraban fácilmente en México.

“Como pigmentos rojos, además del óxido de hierro rojo, se usaba el bermellón, compuesto de azufre y mercurio, y el carmín de la cochinilla mexicana. Me inclino a pensar que tenemos mezclas de estos tres colores en el manto carmín y en el aura bermellón”. Concluye, quien en 1982 dio mantenimiento a la pintura del Siglo XVI la retocó y descubrió la técnica utilizada para elaborar en retrato de la Virgen de Guadalupe. No se trata pues, de una imagen que haya quedado plasmada en la tilma de una persona, como un evento milagroso, sino de una pintura original muy antigua pintada en un lienzo, pero que no tiene nada de divina.

Cuauhtlatoatzin o Juan Diego  de origen  chichimeco. Nació el 5 de abril  de 1474 en Cuautitlán, y falleció el 9 de agosto del año 1548 a los 74 años de edad, en medio del anonimato, de acuerdo a los datos que acompañaron su canonización. Misma que se hizo en base a testimonios de haber concedido algunos milagros de fe.  Cabe resaltar, que aunque existen datos sobre Juan Diego, la tumba en donde descansarían sus restos, aún no ha sido localizada. Lo que propicia aún más el mito de su existencia física.

Concretamente el creador de la aparición, según los investigadores, Ángel Tamiro y Javier Noguez, fue el segundo Arzobispo de México, Fray Alonso de Montufar quien dejó plasmada para la historia, la leyenda de la aparición de la Guadalupana, que tanto reconforta a las clases desprotegidas.

El intelectual mexicano Carlos Monsiváis observaba hacia 1996 que “nadie dispone ya del ‘monopolio de las almas. Hay, sí, un catolicismo mayoritario, y un guadalupanismo profundo que no será desplazado. Pero este guadalupanismo, aun en las zonas de máxima intolerancia, se ve obligado a convivir con otros credos. Ya hoy lo guadalupano no es sinónimo forzoso de lo mexicano”.

Otros intelectuales, sostienen que la incultura, la ingenuidad y el fanatismo del pueblo mexicano son características que no han cambiado durante centurias, la aparición no ha sido comprobada totalmente y las pruebas de un mito, descubren la maniobra de los conquistadores para lograr un completo dominio, en lo político, religioso y en lo económico si se le quiere ver como un evento generador de bienes. Pero lo sorprendente es que en lo contemporáneo quienes sostienen esa creencia, con todo el derecho que les asiste, la han llevado a los terrenos de la mercadotecnia y el mito guadalupano, por sí solo, representa un magnifico generador de recursos independientemente de que sea un mito o una realidad.

(Nota del autor.)

Este artículo no tiene por objetivo, desmentir o desvirtuar la aparición de la Virgen de Guadalupe, sino, hacer un análisis, apegado a la opinión de quienes también han observado algunos datos que no llevan a un hecho que pudiera ser genuino. Se respeta toda creencia,  fe, doctrina o religión, y cada ser humano es libre de creer o no, en sus propias convicciones.