Complicidad de CNH con delincuentes ambientales

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British Petroleum, causante del derrame del pozo Macondo que contaminó a toda la costa del golfo se ha negado a indemnizar a los pescadores mexicanos, pero la Comisión Nacional del Petróleo le asignó a BP varios lotes en aguas profundas

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Javier Pulido Biosca

Revista Raíces

Después de 7 años, pescadores de la región siguen en pie de lucha y exigen a la empresa British Petroleum, BP, se haga responsable por los daños ecológicos que provoco el derrame petrolero tras el incendio de la plataforma Deep Horizon en el 2010.

En ese lapso han sido liquidados diversos afectados por los daños ambientales, pero los pescadores mexicanos han quedado fuera de todas las indemnizaciones y los funcionarios de BP, como el director general en México, Chris Sladen, quien carece del conocimiento del idioma a tal grado que se mostró incapaz de responder preguntas y turnó a un funcionario menor, el que se identificó como Olaf Carrana, para declarar que la empresa se abstiene de dar su punto de vista por ser un caso jurídico el que enfrentan.

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Auténticos dirigentes sociales de los pescadores se presentan en los eventos de protesta

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Por su parte, el pescador Pablo Ernesto Zamora Sánchez explico que son más de 20 mil familias en todo el litoral del golfo de México las afectadas con este desastre ambiental. Alrededor de 7 mil se ubican en el norte de Veracruz.

Dijo que el caso se encuentra en una corte de los Estados Unidos, en el Distrito Este del estado de Luisiana, donde los abogados que los representan, tanto mexicanos como estadounidenses, ya han tenido un acercamiento con representantes de la empresa BP, así como el juez de la corte, Carl J. Barbier.

Cabe mencionar que el juez Carl J. Barbier dictaminó que la empresa British Petroleum debe de pagar 20 mil 800 millones de dólares para cerrar el reclamo del gobierno federal de e.u. y estados del golfo de México afectados por el derrame petrolero del 2010.

Pero hasta el momento ningún pescador mexicano ha recibido alguna indemnización por las afectaciones que causo en la pesca este desastre.

Zamora Sánchez dejo claro que seguirán en pie d lucha con la realización de manifestaciones hasta que se resuelva el caso.

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Asignaciones petroleras

A pesar de que BP no ha cumplido con los pescadores mexicanos y ha omitido pagar indemnización alguna, la Comisión Nacional de Hidrocarburos, CNH, ha asignado lotes para exploración y explotación petrolera en aguas profundas, que es donde ha fallado la empresa BP. Las asignaciones son en la llamada “Cuenca Salina” y son los campos 1 y 3, ambos en asociación con la noruega Statoil y la francesa Total.

Esto pone en claro la complicidad de la CNH y su poca transparencia para proteger los intereses de la nación. Esto es con toda claridad una traición a la patria que está quedando impune para proteger a estas empresas privadas tan nocivas para los pescadores mexicanos.

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El el puente sobre el río Tonalá, frontera entre Tabasco y Veracruz

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Petróleo poder y desarrollo (parte IV)

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Capítulo que reseña la fundación de Coatzacoalcos como municipio libre

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Calle del Ferrocarril (hoy Malpica) hacia 1905. Las primeras construcciones de Coatzacoalcos eran completamente de madera con techos de lámina para evitar incendios

Javier Pulido Biosca

III. Las Nuevas Formas del Poder

 

  • 1. La Fundación de Coatzacoalcos

 

Para ver con más claridad cómo operó esta relación entre las diversas formas de poder que se dieron en el sur de Veracruz hacia 1880 relataremos brevemente el litigio entre las autoridades del Ayuntamiento de Coatzacoalcos y el norteamericano Jorge Tyng, apoderado de la empresa concesionario del Ferrocarril del Istmo.  Los esquemas entre los actores del poder veremos que se repiten con pocas modificaciones en un proyecto más complejo como lo fue el proyecto petrolero para el Istmo mexicano que tuvo Porfirio Díaz, proyecto en que participaron intensamente las poblaciones de Coatzacoalcos, Minatitlán y Nanchital.

 

Aún cuando los decretos de 1823 y de 1826 determinaban facilidades para la creación de poblaciones en la ribera del Coatzacoalcos, en el lugar denominado La Barra no había pobladores, sólo estaba, casi ruinosa, la construcción del fortín, que se edificó en el siglo XVIII[1]. Sólo vivía una familia, encabezada por Gregorio Díaz, oriundo de España, que obtuvo permisos para vivir allí desde 1834[2]

 

A finales de 1879 llegó a la Barra de Coatzacoalcos Jorge Tyng, ciudadano estadounidense y encargado de iniciar los trabajos del Ferrocarril Interoceánico de Tehuantepec.  Encontró el terreno de la margen izquierda del río, lugar donde iban a comenzar los trabajos, ocupado por un grupo de personas que habitaban en casitas con techos de palma y que pretendían poseer esas tierras en virtud de una adquisición de terreno hecha por el general Tomás Marín entre 1851 y 1852, quien obedecía las órdenes del Gobierno Federal para fincar una ciudad (con el nombre de Colón).  Población creada con el propósito de colonizar con mexicanos el Istmo, decisión que se intensificó sobretodo después de la invasión francesa.

Tyng logró comprar esas casitas y tierras de aquellas personas con la finalidad de contar con el terreno necesario para instalar los edificios y patios de la compañía de ferrocarril.  La mayor parte de los vecinos aceptaron, excepto Francisco Herrera, Abraham Reyes, Severo Chacón y Sóstenes Vargas, a quienes les fue expropiado el terreno para uso del ferrocarril.  Para 1883 esas tierras expropiadas seguían en propiedad del Gobierno Federal que estaba dispuesto a devolverlas a los reclamantes si se juzgaba que no fue necesaria su expropiación.

También intervinieron los que se decían dueños de las tierras, hacendados que seguían una línea de herencias familiares y podían mostrar una secuencia de escrituras que venía desde las mercedes de tierras del siglo xvi.

Hacia marzo de 1880, Tyng, comprendiendo la necesidad de poseer títulos legales sobre las tierras donde aspiraba a construir las instalaciones del ferrocarril y otras más a las que vio como posibilidad de crear terrenos urbanos y venderlos en un precio más conveniente a sus intereses, compró las tierras a los hacendados que ostentaban los títulos. Sin embargo, aunque provisionalmente encargado de los negocios de la Compañía del Ferrocarril, no tenía de ésta ni su poder ni autorización para usar los fondos en la compra de tierras.  A pesar de esto tomó el paso de comprar terrenos a los Lara, dando cuenta y copia de las escrituras a la Compañía, que nunca los recibió excepto la parte que en noviembre de 1882 adquirió el Gobierno Federal, quedando así las tierras por cuenta particular de Tyng.

En ese momento se daban tres elementos:

 

  • Los habitantes de la Barra, que respondían al interés del gobierno por crear una ciudad llamada Colón y que habían recibido las tierras sobre la base de las órdenes que tenía el general Tomás Marín. No podían, sin embargo, mostrar documentos, aunque tenían el soporte en las leyes referentes a los asentamientos humanos en México y contaban con los decretos que daban todas las facilidades para la creación de poblaciones en la cuenca del Coatzacoalcos.

 

  • Los intereses del norteamericano Jorge Tyng, que amparado por su actividad dentro de la Compañía del Ferrocarril compró tierras porque vislumbró y proyectó el desarrollo de una nueva población, con fuerte movimiento comercial, que atraería los intereses de muchos capitales y que ofrecía la posibilidad ser un atractivo negocio. Comprar en 1879 las tierras en precios muy baratos para venderlas después con un valor multiplicado. Si este interés se hubiera dado a lo largo de toda la ruta del ferrocarril es claro que la colonización estadounidense del Istmo mexicano hubiera sido más poderosa que los intentos mexicanos.  Hubo que impedirlo y en esto el papel central lo ocupó el Jefe Político Cantonal, General Eulalio Vela.

 

  • Los propietarios de las tierras que pertenecían a la hacienda de Mapachapa, propiedad de la familia Lara, habitantes de Chinameca, que pensaron en convertir en negocio las tierras que cedieron a los habitantes de la Barra, en parte por los decretos y en parte porque se trataba de tierras poco productivas en términos agropecuarios, pero a quienes la oportunidad que les ofrecía Tyng les pareció lucrativa como vendedores de tierras baratas.

 

Los tres elementos caracterizan la composición de intereses que dio origen al paso de la economía cuasi feudal de las haciendas al de la economía industrial caracterizada por el ferrocarril, primero y por el petróleo, después, en el sur de Veracruz.  El gobierno se ve obligado a participar en un doble juego, por un lado conceder el derecho a los hacendados con escrituras y al ciudadano estadounidense que les compró tierras y con quien el gobierno no podía tener un enfrentamiento porque había el riesgo de problemas diplomáticos.  Por el otro lado, y en 1882, sabía el peligro de tolerar la colonización estadounidense del Istmo mexicano, sobre todo a la luz del Tratado de La Mesilla, y tenia que impedirlo con ciudades de mexicanos.  El naciente Coatzacoalcos era una condición para hacerlo y no podía obstruirse.  También, había otros intereses que reservaban esas tierras para otras personas y otros usos.

Un elemento eran los hacendados, sin la visión de grandes negocios a futuro que tenían los estadounidenses, por lo que sólo veían sus pequeños intereses de obtener la ya entonces pequeña suma de $4 500.00 pesos por las tierras de la llamada Isla Juliana, donde había ganado cimarrón, que a nadie beneficiaba, arenales, pantanos, un fortín, un faro y un caserío en la Barra, donde se habían asentado varios vecinos a los que se les concedió el derecho un poco por los decretos arriba citados y otro poco por no valorar esas tierras, que con la construcción de ferrocarril y puerto representaban ya una fuerte plusvalía.

Esto dio lugar a un litigio que duró tres años y que se dirimió de manera “salomónica”:

 

A los habitantes de La Barra se les otorgó la autonomía municipal, con el nombre de Coatzacoalcos (se olvidó el de Colón), y se les permitió que definieran su fundo legal basándose en los estudios que hizo el estadounidense Tyng, al que no se reconoció propiedad en el fundo legal pero se le respetaron las tierras necesarias para la operación del Ferrocarril del Istmo, del que para 1883 expiraba la concesión y su construcción pasaría a cargo del Gobierno Federal hasta finalizarla en 1894.  El Ayuntamiento decidió la forma en que se hizo la repartición de solares.

 

A la Compañía del Ferrocarril se le venció el plazo de su concesión y al Ayuntamiento se le obligó a recibir en calidad de donación las tierras cuya propiedad no reconocía que fuera de Tyng, pero de las que éste tenía escrituras (aún cuando un extranjero no estaba facultado para poseer tierras en los litorales).  Una donación a nadie afectaba y esta era la parte “salomónica” de la decisión, ya que evitaba problemas diplomáticos sin provocar enfrentamientos con los lugareños.

 

A los hacendados se les dejó con la paga que habían recibido de Tyng, se respetó el trazo de la vía férrea por Chinameca, pero no se les tomó en cuenta para ninguna otra decisión.  Se tomó en cuenta la del Jefe Político, el general Eulalio Vela, quien respaldó al H. Ayuntamiento de Coatzacoalcos porque la mayor parte de su jurisdicción eran tierras que Vela reclamaba como suyas y sólo podía legitimar ese reclamo la autoridad municipal.

 

Así entonces podemos observar que las decisiones del Gobierno de México parecían beneficiar a los norteamericanos al hacerlos concesionarios de ferrocarriles y, más tarde, del petróleo, pero en realidad, al menos en la región, se hizo de manera muy, limitada y como medida estratégica para no tener fricciones con sus vecinos.  No fue igual el acuerdo tenido con el empresario inglés Weetman Pearson a partir de 1899.  Vemos también que los Jefes Políticos, como el general Eulalio Vela, recibían un apoyo casi incondicional que les permitía hacer y deshacer a su antojo.  Los hacendados representaban un papel acomodaticio según corrieran los intereses del momento.

Encontramos tres factores de poder actuando hacia 1882: Los norteamericanos, los hacendados y el gobierno, representado por los jefes políticos.  Cada uno tiene rasgos que lo definen, que le dan identidad y caracterizan sus relaciones con los otros.

Los norteamericanos, poseedores de una visión a futuro, planean con por lo menos diez años de anticipación, lo que les da oportunidad de buenos negocios, corriendo riesgos, como lo hizo Tyng.

Los hacendados que, por alguna razón que habrá que estudiar, pocas veces tienen visión a futuro, negocian lo inmediato y en su relación con el estadounidense aprovechan lo que éste desea comprar o se ubican como socios subalternos.

Los jefes políticos, por lo general, siguen sus intereses personales y para ello utilizan a los otros factores de poder.  En algunos casos, como en el del ejemplo que hemos brindado, esto benefició a los pobladores, pero la acción de los jefes políticos también resulta perjudicial en otros casos, como en el que mencionamos de los indios de Minzapan, que fueron sacados de su pueblo por medio del fusil de las tropas al mando de Eulalio Vela, quien momentáneamente amplió su hacienda de Temoloapan.

 

En el caso que planteamos de la fundación de Coatzacoalcos los tres actores del poder interactúan con los habitantes de la población, los tres, de alguna manera se sirven de la necesidad de los habitantes y de la situación estratégica del Istmo mexicano.  En el resultado del proceso los tres actores son beneficiados también en cierta proporción: el norteamericano Tyng se vio forzado a donar casi todas sus tierras al fundo legal de Coatzacoalcos, pero conservó tierras que no eran consideradas como litorales; el jefe político Eulalio Vela obtuvo la legitimación de la vasta superficie entre la margen derecha del Coatzacoalcos y Tonalá; los hacendados Lara obtuvieron una suma de dinero y lograron que el ferrocarril pasara por su hacienda de Mapachapa y se instalara una estación en Chinameca.  También los pobladores de Coatzacoalcos recibieron el beneficio de contar con solares, que oficialmente fueron donados en 1882, en donde asentar sus casas.  El gobierno federal logró lo propuesto, contar con un puerto en la ribera del Coatzacoalcos poblado en su mayoría por mexicanos.  En realidad se reservaba para algo mejor y de mayor beneficio para el propio Porfirio Díaz, quien aparece en el telón de fondo como representante del más alto nivel de poder en ese entonces: el Gobierno Federal.

De hecho, muy fuerte fue la razón por la que el gobierno de México se reservó la tarea de finalizar la construcción del Ferrocarril de Tehuantepec, inaugurándose la ruta el año de 1894.  Fueron años de compañías que fracasaron, quebrando muchas en el intento.  Pero, aunque el Ferrocarril de Tehuantepec estuvo terminado en la última década del XIX, faltaba mucho por hacer para adaptarlo al tráfico interoceánico a gran escala.  Resultado de las deliberaciones que el gobierno de México hizo fue la decisión de entrar en arreglos con la casa constructora de Inglaterra de S. Pearson & Son, Ltd., la que se comprometió a dar a la línea férrea la solidez requerida, a la vez que construir las escolleras en los puertos de Coatzacoalcos y Salina Cruz así como los muelles marginales con infraestructura de acero y tableros de madera.  A esta compañía se le admitió asociarse con el gobierno mexicano en la explotación de la ruta.  El decreto que permitió al gobierno de México asociarse con una empresa particular para la explotación del Ferrocarril de Tehuantepec y los puertos terminales fue expedido en 1896, firmándose los primeros contratos en 1898 y 1899, siendo el último el efectuado el 16 de mayo de 1902, aprobado por decreto del 4 de junio del mismo año, con modificaciones propuestas el 20 de mayo de 1904 y aprobadas por decreto del 31 del mismo mes.

El acuerdo, entre otras cláusulas, señala que el gobierno de México y la casa S. Pearson & Son, Ltd., hacían un contrato por 51 años a contar a partir de junio 1 de 1902 para la explotación del Ferrocarril de Tehuantepec y los puertos de Coatzacoalcos y Salina Cruz; la casa Pearson es puesta como administradora de la compañía que surge[3].

Las obras de mejoramiento de la vía, con 310 kilómetros de longitud entre Coatzacoalcos y Salina Cruz, más 21 Km. entre El Juile y San Juan Evangelista fueron las de instalar rieles de 40 kilos por metro, sustituyendo a los originales de 25 kilos por metro.  Se agregó balaste a los tramos donde no había suelo rocoso y yesoso, rellenando hasta 35 cm. con piedra triturada, se sustituyeron los puentes que eran de madera por puentes de acero con cimentación de cantera.  Se construyó un nuevo puente sobre el río Jaltepec[4]. Como dato interesante se indica en el reportaje citado que “El Ferrocarril de Tehuantepec fue en México el primero en que se empleó petróleo crudo como combustible, con 14 locomotoras adaptadas a este consumo y otras 23 que están siendo adaptadas en los talleres de la Compañía[5].

 

 

  • 2. El Origen de Nanchital

 

En Nanchital sucedió algo muy común entre las poblaciones de la cuenca del Coatzacoalcos, muchas de ellas promovidas y pobladas en el siglo XIX en el marco del proyecto de colonización de Istmo mexicano.  Las necesidades históricas conjugadas con las facilidades otorgadas para establecer poblaciones en la región ocasionaron que en tierras de un hacendado se asentara un caserío que gradualmente fue adquiriendo importancia y las circunstancias económicas de la región favorecieron su crecimiento y desarrollo.

El caso de Nanchital es ejemplar de este proceso, porque las etapas que ha pasado a lo largo de su vida marcan los periodos de la economía mexicana y en particular del sur de Veracruz.

Una mención documental la conocemos desde el acta de la segunda sesión ordinaria de cabildo del H. Ayuntamiento de Coatzacoalcos del 18 de febrero de 1882 en que se somete a la deliberación el acuerdo sobre la jurisdicción que habrá de tener el municipio entonces naciente, propuesta que se envió a la Legislatura de Veracruz, y en la que se indica que:

 

“[la colindancia dé Coatzacoalcos se fijará]… por el sur con el [pueblo] de El Nanchital, terrenos de Ixhuatlán; pero tanto en esta ranchería como la de Teapa, que dista dos millas de este lugar, sus vecindades siempre han reconocido a esta Congregación [Coatzacoalcos] como su matriz y jurisdicción […]. El espíritu de esta acta es solamente proporcionar datos al Ejecutivo, puesto que a él le incumbe señalar la jurisdicción, y lógico parece que ésta sea la más próxima, pues El Nanchital dista de Ixhuatlán cinco leguas, y dos millas de este municipio, siendo más próximo a este lugar[6].

 

No se le concedió a Coatzacoalcos la jurisdicción sobre El Nanchital, sino que siguió bajo la de Ixhuatlán, vieja población indígena que ya existía desde el siglo XVI, según lo revela la Descripción… de Suero de Cangas y Quiñones[7].

Esta, en ese entonces ranchería, llamada El Nanchital, se localizaba en las tierras de una hacienda propiedad de Ambrocio (sic) Solorza[8], quien fuera el primer alcalde de Coatzacoalcos y cuyo oficio fue el de práctico de mar[9].

Un dato anterior se consigna en un mapa fechado en 1843 hecho por órdenes de don José de Garay, primer concesionario para instalar el ferrocarril del Istmo y en el que aparece un poblado cercano al estero con el nombre de Nanchital.  Representa este mapa la cuenca completa del río Coatzacoalcos, desde la confluencia con el río Malatengo, actual Malatongo, hasta su boca en el Golfo, llamado en el mapa Seno Mexicano.  Como curiosidad, en este mapa aparece también citado un caserío con el nombre de Poblado de la Barra, donde ahora está la ciudad de Coatzacoalcos.

Todo esto ubica los primeros asentamientos humanos en Nanchital en la misma época en que también aparecen en la Barra del Coatzacoalcos y todo parece apuntar a que se estaba cumpliendo con el decreto emitido por Vicente Guerrero en 1823 y robustecido por el emitido por el gobernador Miguel Barragán en 1826.

También es relevante un mapa levantado por el ingeniero Pedro Larrea y Cordero en 1888 en que se presenta la parte sur del estado de Veracruz, con sus cantones y poblaciones, así como el trazo del ferrocarril que había sido inaugurado en 1894.  En este mapa aparece con claridad un sitio nombrado como Nanchital.

[1] Ver el Despacho de Don Miguel del Corral al Virrey Antonio María de Bucareli y Ursúa del 6 de mayo de 1778. AGN, Grupo Marina, expediente 19 foja 42.

[2] Cfra. La Cuestión de Goatzacoalcos, AGN, SCOP, vol 2/757, exp. 1, fs. 139–140.

[3] “La Ruta de Tehuantepec” en El Mundo Ilustrado, febrero de 1905.

[4] Ibíd.

[5] Ibídem.

[6] Acta de cabildo signada en Coatzacoalcos, marzo 9 de 1882 por Ausencio Ney.  La Cuestión de

Goazacoalcos, p. S. AGN, SCOP, vol. 2/757, exp. 1, fs. 54.

[7] Vid.  Cangas y Quiñones, Suero.  Descripción de la Villa del Espíritu Santo, 29 de abril de 1580.  Cap.  XII.

[8] Este personaje firmaba con el nombre de Ambrocio, aunque la ortografía actual lo conoce como Ambrosio.

[9] Vid.  Acta de sesión ordinaria del cabildo de Coatzacoaleos del 17 de agosto de 1882, presidida por el

Síndico Femando Venero.  Loc.  Cit.

Petróleo, poder y desarrollo (II)

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Esta es la primera parte del libro que se irá publicando por entregas durante el mes de marzo,

Cordialmente,

Javier Pulido Biosca

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La búsqueda del “oro negro” se convirtió en argumento para el despojo y la invasión de tierras, avalados por el gobierno de México cuando Porfirio Díaz

A lo largo de la historia el sur de Veracruz ha sido centro de atención de diversos agentes de poder. Desde el imperio de Moctezuma, que ansiaba tener dominio en esta zona y que tuvo que reconocer ante Hernán Cortés que carecía de poder en la cuenca del Coatzacoalcos cuando dio un mapa de posibles sitios para construir un puerto (Cortés, Hernán. Cartas de Relación… II).

Sucesivas acciones de la Corona española se dirigieron al istmo mexicano para lograr control político, acciones entre las que destaca el envío de cañones colados en La Habana con rumbo a Manila y que pasaron por estas tierras dado que era la ruta segura más corta para esa finalidad.

Durante los inicios del México independiente se forja una intención de colonización para tener poder sobre las riquezas de la región. También, en el pacto McLane–Ocampo se evidencia el interés de los EU por tener poder sobre esta región estratégica.

En este libro se verá la manera en que los intereses económicos buscan tener poder sobre la riqueza petrolera del sur de Veracruz y las diversas estrategias seguidas por esas empresas para lograrlo. Tiene aspectos triunfales para México, a principios del siglo XX e infaustos para el siglo XXI.

 

  1. Naturaleza del Poder

Resulta importante encontrar una definición de poder que nos permita explicar el proceso histórico que se da en la industria petrolera del sur de Veracruz a fin de entender procesos tan complejos como la colonización industrial que ejercieron los ingleses en una primera etapa, la preeminencia del sindicalismo, en una segunda, y el paso del poder a otros grupos, cobijados principalmente en la producción ganadera.

Una siguiente etapa del proceso se dedicará a explicar la manera como las compañías extranjeras recuperan gradualmente el control de la industria petrolera mexicana.

 

  • 1. ¿Qué Significa Poder?

 

El concepto de Poder, como la mayor parte de los conceptos, tiene múltiples definiciones originadas, de una u otra manera, en el Pensamiento Clásico de la Grecia Antigua, donde tuvo ya una multiplicidad de significados, ligados en un principio tanto a la fuerza física como a la moralidad que culminan conjuntamente en la creación de leyes.

Destaca la definición que proporciona Calicles en el Gorgias, diálogo en que Platón toca el tema de la verdad en los discursos.

 

“… Llanamente afirmo que aquel que verdaderamente vive debe satisfacer sus deseos y hacer lo que le plazca sin detenerse; pero cuando estos deseos crecen ha de tener valor e inteligencia para satisfacerlos en todas sus demandas.  Esto afirmo que es la justicia y la nobleza natural.  Esto la mayoría no puede hacerlo e injuria al hombre fuerte porque ellos mismos [los débiles] se avergüenzan de su debilidad…”[1].

 

Esta definición se puede reducir a la frase “Poder es satisfacer los propios instintos”.  Poderoso es entonces aquel a quien nada lo detiene para alcanzar su propio placer.  Desde este punto de vista el bien ético–político es el poder.  Pero en ese mismo contexto platónico se alternan otras dos definiciones, una es la que identifica el poder con la decisión de la mayoría: si es cierto que el más fuerte es quien impone las leyes, ¿quién será más fuerte, el hombre fuerte sólo o los muchos débiles juntos?; otra la que interroga si será más fuerte quien sabe hacer las cosas.  En otras palabras ¿es el saber una forma del poder?

La discusión de estas dos definiciones adicionales nos lleva primero a la concepción del poder como democracia, que es el poder de los muchos débiles, pasando después a la definición del poder como atributo del hombre sabio, definible como “buen tirano”, un concepto que nos permite saltar varios siglos, ya que lleva directamente al concepto dieciochesco del “déspota ilustrado”.  Aunque Platón trae en la mano otra problemática que apunta a justificar lo deseable que resulta que el gobierno lo ejerzan los sabios, cuestión que no tiene caso desarrollar en este escrito, al menos de momento. Sólo cabe decir que “Sabio” significa en el contexto de la Antigüedad Clásica algo muy diferente que atesorar conocimientos eruditos. Sabio denota una sabiduría de vida, en ese sentido Solón, Tales o Salomón eran tenidos por sabios porque poseían una suerte de sabiduría moral o sabiduría de vida. En este sentido es que el saber es poder, porque es un poder sobre la propia vida y sobre la manera de interpretarla.

Todo esto nos lleva a observar que el asunto del poder es multifacético.  Por un lado el Poder está ligado a la capacidad de ser, como un Poder Ser, realizar la propia naturaleza, llevar a cabo la construcción de sí mismo.  Este es un sentido netamente moral, ya que en la filosofía clásica helénica la actualización de las propias potencialidades es definida como buena y el apartarse de la propia naturaleza es considerado malo.  El poder de alimentarse, de realizar esfuerzos físicos, de interesarse por la comunidad, de conservar la vida son parte de este Poder Ser lo que la propia naturaleza determina.  La naturaleza de cada individuo es diferente, por lo que cada uno tiene posibilidades de ser cosas diferentes.

Un segundo sentido del poder es la facultad de hacer, lo que un individuo puede realizar, ya sea sobre sí mismo o sobre los otros.  Puede enseñar, guiar, dar ejemplos nobles, o puede hacer lo contrario.  También, por lo menos en el mundo de la Antigüedad, este poder para hacer tiene también contenidos morales.  La educación es el Poder Hacer más notable, ya que repite hacia las nuevas generaciones los valores de las anteriores.  También es Poder Hacer el del hombre pragmático, pero sólo se circunscribe al mero hacer y no al ser.

Un tercer sentido del poder está ligado al Poder Tener.  A la apropiación del mundo.  Este apoderamiento del mundo viene dado originalmente a partir de la transformación de la naturaleza que define al ser humano.  Al hacer el mundo se hace también a sí mismo, definiéndose así el carácter histórico del quehacer humano.  Esta parte del mundo me pertenece en la medida en que me veo en ella, así el hombre que siembra se apodera de lo sembrado y la tierra que trabaja le pertenece por esta ley natural.  Pero otro es el caso cuando un hombre somete a su semejante para que trabaje en su beneficio, porque aquí se rompe la legitimidad de la propiedad del mundo.  Se convierte en una contradicción: quien trabaja la tierra se vuelve esclavo de quien no la trabaja, al que se le considera “propietario”.

Desde este punto de vista la propiedad es un robo, como logran decirlo algunos pensadores anarquistas del siglo XIX en México.  En este sentido del poder se entiende la propiedad sobre la tierra como la condición del poder, que sirve para someter al hombre a manos del mismo hombre, poder para transformar la naturaleza, poder para generar y acumular riqueza.  Este tercer sentido es el del Poder Tener.

El sentido fue torcido muy pronto con el concepto de “propiedad privada”.  De la propiedad legítima, que deriva del trabajo, se pasó a la propiedad ontológica y fenomenológicamente ilícita, que es privada y sirve como condición para esclavizar, para apropiarse del trabajo ajeno.  La definición de trabajo como objetivación del poder de hacer se convirtió en la esclavitud de trabajar para el enriquecimiento de otro y no para la objetivación del propio ser.  Se pasa del poder como facultad de Ser al poder como mero Tener, ilícito ontológica y moralmente cuando se trata del apoderamiento de lo que otro produce.

 

Tenemos entonces tres sentidos primarios del Poder:

  • El Poder Ser, definido como las posibilidades naturales de cada ser.
  • El Poder Hacer, definido como las posibilidades de creación, el trabajo.
  • El Poder Tener, definido como la apropiación del mundo a través del trabajo.

 

Los tres sentidos tienen significaciones ontológicas y morales que se tuercen, o se transmutan y cambian su significado al paso del tiempo y en la medida en que cambian tanto las relaciones sociales como la relación del hombre consigo mismo.  Es decir, estamos hablando de cambios sociales y antropológicos.  Los conceptos de poder están en relación con el tipo de sociedad en que aparecen, a la que sirven y el tipo de hombre que manifiestan y le permiten interpretarse.

Son, más que otra cosa, cambios ontológicos, alteraciones en el propio ser del poder, y en el poder del ser… La dinámica de esta relación es conveniente verla desde la mirada técnica de la ontología.

 

Por otro lado, algunos psicólogos sociales y sociólogos conciben el poder, de manera estática, como el grado de control que una persona o un grupo tiene sobre otras personas o grupos.  El poder es visto así en cuanto a relaciones.  El poder máximo es la capacidad para ejercer control total sobre otros mientras que se permanece inmune a los intentos de los menos poderosos de actuar del mismo modo.  Este poder se manifiesta de alguna de varias maneras:

 

Formal, es el que la autoridad trae consigo, poder legal, pero las manipulaciones subrepticias pueden frecuentemente volverle impotente.

Fuerza Física y Coerción, que son los vehículos obvios para ejercer control, pero más sutiles y gentiles formas de persuasión, basadas en el engaño y la frustración son más comunes y más eficaces en su uso.  Son también formas de la misma tendencia a ejercer el poder como Fuerza y Coerción.

 

Se reconoce que un importante aspecto del poder social es el grado en que una persona puede constreñir para que otra actúe en contra de su voluntad.  En este sentido, es común que un medio de restarle poder a otro sea simplemente socavar su blindaje emocional.  Esta manifestación es muy frecuentemente observada en las relaciones matrimoniales, y en el funcionamiento de pequeños grupos sociales, en los que las maneras de realizarse la coerción es a través de la culpa y el resentimiento.  Incluso en las modernas sociedades tecnificadas la culpa y el resentimiento ejercen un importante papel en el control coercitivo de los individuos.

 

A su vez, los inclinados al conductismo tienen una más bien simple, pero no poco elegante manera de expresar los componentes del poder social:

 

“El Poder es el grado en que una persona puede administrar premios o castigos a otros sin ser afectado por los intentos de los otros para dispensar éstos”[2].

 

Bertrand Russell subrayó que las ciencias sociales tienen que continuar en su deseo de emular a las ciencias naturales y, como la física lo ha conseguido, hacer de la fuerza el concepto fundamental.  Debido a que hay algunas áreas de la sicología con más obvia relevancia en el “Mundo Real” hay muchos sicólogos que consideran que Russell está en lo correcto[3].  Sin embargo, la definición del poder como administración de premios o castigos no es suficiente para comprender la manera en que las personas introducen dentro de sus vivencias internas la facultad de auto premiarse o de auto castigarse.

 

La concepción de poder como el grado de control de una persona o grupo sobre otra persona o grupo va más allá del mero premio o castigo conductista y tiene su fundamento en las relaciones de propiedad y en los símbolos presentes en un grupo social o en una sociedad.  Relación de propiedad que es legitimada formalmente a través de las leyes, pero que puede carecer de legitimación desde puntos de vista que cuestionen la legitimidad de las leyes en un momento dado.  El debate teórico es muy conocido: las leyes responden a los intereses de la clase dominante (léase que tiene el poder en un momento dado), que las produce para legitimarse.  Esta naturaleza socio–política del poder nos va a permitir explicar ciertos procesos más adelante.

 

Para Foucault el poder está indisolublemente ligado al saber, de tal manera que afirma que un campo de saber es siempre un campo de poder, y viceversa, un campo de poder es siempre un campo de saber:

 

“Debemos admitir que poder y conocimiento más bien se implican el uno al otro, es decir, que no hay relación de poder sin la constitución correlativa de un campo de conocimiento, ni hay ningún conocimiento que no presuponga y constituya al mismo tiempo relaciones de poder.  Estas relaciones Poder–Saber deben, por tanto, ser analizadas no como la base de un sujeto de conocimiento, quien puede ser o no libre con relación al sistema de poder, sino por el contrarío, el sujeto que conoce, el objeto a conocer y las modalidades del conocimiento deben ser consideradas, junto con los varios efectos de estas fundamentales implicaciones Poder–Conocimiento y sus transformaciones históricas”[4].

 

En esto tenemos que agregar que el cuerpo mismo se encuentra inserto en las relaciones de poder, es el cuerpo el que padece los castigos del poder, ejemplificados en la prisión, el trabajo físico, el hambre, la enfermedad, etc.  El Estado, a través del sistema penitenciario evidencia este aspecto del poder que somete los cuerpos al castigo de la reclusión física, la tortura y los trabajos forzados como manera de ejercer su dominio sobre los ciudadanos.  Para Foucault el sometimiento del cuerpo sigue una dialéctica que la define el sistema económico–político: “El cuerpo está también directamente comprometido en el campo del poder político, las relaciones tienen una acogida inmediata en éste, lo comprometen, lo marcan, lo entrenan, lo torturan, le dan logros a alcanzar, le hacen ejecutar ceremonias, emitir signos.  El cuerpo se torna una fuerza útil sólo si es ambas cosas, un cuerpo productivo y un cuerpo sujeto”[5].

Pero así como sucede con el cuerpo, con el lenguaje también se tiene el compromiso con diversos campos de poder.  En la medida en que el lenguaje es el que articula la percepción de sí mismo con la manera como se conoce de sí, esa articulación está inmersa en un campo de poder, al que compromete y transforma.  Así se cumple la concepción prefilosófica de la palabra, concebida como una manera de poseer la mismidad de las cosas, su Espíritu.  Al mismo tiempo llegamos a la definición de un grupo de poder y la red en que se relaciona con otros a través del lenguaje.  Así, el lenguaje objetiva la manera en que un individuo se percibe a sí mismo como poseedor de un conocimiento que le da poder y desde el que se entiende.  En otras palabras, desde el lenguaje el individuo se percibe e interpreta a sí mismo como poseedor de un poder que, a su vez lo posee y es su marco de existencia.

Estas nociones de Poder nos permiten acercamos al problema de la relación entre el poder y los cambios Históricos.  Nos permiten llegar a una ontología del poder y su dinámica.

En este trabajo se mostrarán algunas de las maneras en que se manifiesta el poder en el sur de Veracruz. Destacamos el paso del poder que descansa en la mera tenencia de la tierra a las formas de poder que vienen con el capitalismo avanzado que desarrolla medios de comunicación y la industria petrolera. De los cambios y ajustes que de ello deriva se originan grandes movimientos sociales, como lo fue la Revolución en el sur de Veracruz.

Nuestra óptica se moverá constantemente de la descripción de eventos a la explicación de éstos siguiendo el hilo conductor del desarrollo de las formas de poder en el sur de Veracruz.

 

[1] Platón Gorgias 492 a-b.

[2] Russell, Bertrand. Escritos Básicos.

[3] Vid.  Reber, Arthur. Dictionary of psychology, pp. 562-563.

[4] Foucault, Michel.  Surveiller et Punir- Naissance de la Prison (1 975).  Translation: Alan Sheridan as Discipline and Punish: The Birth of the Prison (New York: Pantheon, 1977).  Pp. 27-28. También hay traducción castellana, Vigilar y Castigar, Siglo XXI editires.  La traducción de la cita es responsabilidad del autor del presente texto.

[5] Ibíd.  pp. 25–26.

Petróleo, poder y desarrollo

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El presente es un libro en que explicamos el inicio de los trabajos petroleros en el sur de Veracruz, obra que iremos publicando por entregas con el pretexto de las conmemoraciones de la histórica Expropiación.

Atentamente,

Javier Pulido Biosca

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Cuando Porfirio Días visitó las obras del ferrocarril en 1905 le fueron mostrados pozos como el presente en las inmediaciones de Jáltipan y de Minatitlán, antes de aprobar la construcción de la refinería en 1906 y de inaugurarla en 1908

Introducción

 

La industria petrolera es la más poderosa del planeta y, desde sus inicios en la última mitad del siglo XIX, provocó la llamada “Segunda Revolución Industrial”, caracterizada por una intensa búsqueda de yacimientos a lo largo de todo el orbe, junto con el control de la producción y comercialización de los productos petroleros y petroquímicos en unas cuantas firmas de carácter transnacional, que hoy se llamaría “globalizado”.

Este crecimiento de la industria petrolera se dio al par del desarrollo de otros procesos, como el del transporte, que evolucionó en todos los medios.  Crecieron los ferrocarriles, que sustituyeron el carbón por el petróleo como combustible, a la vez que sirvieron para detonar la producción en las diversas zonas petroleras; creció la industria naviera, que exigió de cada vez mejores y más amplios puertos y también sirvió para transportar los productos petroleros y los insumos de la industria.  El automovilismo y la aviación se desarrollaron también gracias a la industria petrolera que proporcionaba combustibles para los cada vez más novedosos y potentes motores.

En México, país subordinado a las decisiones de los capitales externos por muchas razones históricas, el proceso seguido tiene todos los matices de la historia petrolera, estando actualmente en una encrucijada que corresponde con el panorama internacional de esta industria y su futuro próximo.

Una de las formas de relación social más singulares que se da en la historia petrolera de México es la peculiar manera en que se presenta el sindicalismo.  Si en todo el mundo el sindicalismo vive los cambios que van con el mundo del momento, en México el sindicalismo nace como una fuerza transformadora, simbolizada por la Casa del Obrero Mundial, y llega a ser factor decisivo para algunos cambios políticos, como es el caso de la Expropiación del petróleo, para ser sometido y subordinado como pocos movimientos sindicales lo han sido a escala mundial.

En todo este proceso industrial, político y social que viene dado con el petróleo, representan un papel decisivo las relaciones de poder, por lo que este estudio se centra en algunos detalles históricos que permitirán ver las relaciones de poder en el sur de Veracruz desde fines del siglo XIX hasta avanzado el XX.  Debido a esta razón el estudio se mueve constantemente entre lo que sucede en el ámbito nacional e internacional y lo que sucede localmente, incluso en otros ámbitos que no son directamente la industria petrolera pero que están estrechamente ligados con ella, ya sea circunstancialmente, como la producción agropecuaria se liga con las tiendas de raya de la compañía de Pearson a principios de siglo y se liga con los ranchos de las secciones sindicales a través de la llamada  “Canasta Básica” de los años 80′, tendiéndose redes de poder que ligan varias actividades económicas bajo las decisiones de una persona o un pequeño grupo.  En otros casos la relación no es circunstancial, sino necesaria, como el vínculo entre el ferrocarril, los puertos, la industria naviera, el desarrollo de ciudades y la producción petrolera.

Aparecen diferencias entre ciudades, las que son de origen ferrocarrilero y portuario, como Salina Cruz y Coatzacoalcos, o Rincón Antonio (hoy Matías Romero), que fueron trazadas como fundos urbanos bien planeados hacia el futuro, y las que son de origen petrolero, como Nanchital, Minatitlán, Aguadulce, Las Choapas o Cuichapa, que fueron pensadas como meros campamentos petroleros, sin planeación ni urbanización alguna, y que la fuente de trabajo las convirtió en ciudades, con grandes problemas de urbanización que cada una ha ido enfrentando según sus posibilidades.

En esto es que toca a las diversas secciones del Sindicato Petrolero la responsabilidad de urbanizar y hacer más habitables las ciudades donde moran sus agremiados.  El ejemplo más notable de esta actividad sindical lo encontramos en Nanchital, donde la Sección 11 ha conseguido una urbanización casi total de la ciudad, consiguiendo así pasar de villa a ciudad y a municipio libre en un reconocido esfuerzo.  No se han corregido los problemas de urbanización derivados del campamento inicial, pero se ha hecho más llevadera la situación y más confortable y sana la vida de sus pobladores.

El punto de partida del presente ensayo es la definición del poder.  Se trata de un punto de partida filosófico, cuya definición permitirá explicar el proceso histórico a partir de un principio explicativo.  La razón para buscar este asidero teorético es la intención de proporcionar al lector no una mera secuencia de actos aislados, quizá enriquecidos con muchos detalles, sino un sistema de explicaciones que permitan ver la manera como se han tejido los diversos sistemas de poder en el sur de Veracruz y el modo en que aparecen relacionados niveles que son netamente locales con otros que son de tipo global.

La disquisición inicial es netamente filosófica, porque no es posible hacer historia, como una ciencia que explica los eventos en el pasado, sin tener un punto de partida y un fundamento teórico.  Quizá esta sea la más notable diferencia entre la historia como conocimiento científico y la crónica, que presenta hechos sin enlazarlos mediante un principio explicativo.  Quedará al juicio del lector juzgar la medida en que pudimos lograr este objetivo y, por supuesto, qué tan atinada fue la selección del poder como hilo conductor de la historia petrolera del sur de Veracruz.

A partir de la disquisición inicial sobre el concepto de Poder se presentará una parte de la historia petrolera del sur de Veracruz dividida en tres diferentes momentos: la etapa que podemos decir formativa, que va desde 1882 hasta 1910; la Revolución y la del surgimiento de la industria petrolera nacional. Cada momento responde a diferentes configuraciones del Poder y el estudio busca mostrar cómo se conformaron en cada etapa.

Dejamos pendiente el escribir sobre el lapso que va desde la Expropiación Petrolera hasta la creación de la petroquímica nacional, así como de la etapa que va desde la petroquímica hasta la situación actual en que se ha dado marcha atrás a las conquistas del Pueblo de México dejando petroquímica y petróleo en manos de las empresas transnacionales que siempre las han codiciado. El estudio de estas dos últimas etapas debe ser presentado al público pronto, a fin de contar con una herramienta que nos permita ver el panorama completo del poder en Coatzacoalcos y su devenir en el sur de Veracruz.

Continuará

EU perfora más en capas de lutitas

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La luna de miel entre inversionistas y OPEP se disipa con la perforación de pozos en las formaciones de lutitas

Mark Shenk

Agencias

En tanto que el grupo de la OPEP y otros exportadores importantes están bombeando menos petróleo crudo, la producción y los inventarios de Estados Unidos están aumentando, los perforadores de pozos en pizarra siguen añadiendo equipos. El precio de referencia en Estados Unidos ha variado entre $50 y $55 por barril durante los últimos dos meses.

Mientras, los productores estadounidenses ampliaron la semana pasada la gran oleada de equipos de perforación petrolífera observada en más de cuatro años en los prolíficos campos de pizarra (lutitas) de Texas y Oklahoma, atrayendo inversiones de las compañías Exxon Mobil y Continental Resources. La producción de crudo de Estados Unidos subió a 8.98  millones de barriles por día (Mbps) en la semana que terminó el 3 de febrero, según la EIA. Representa un incremento de cerca de 500 mil bpd sobre la baja extracción del año pasado, y la Agencia espera que la producción siga subiendo para llegar a 9.53 Mbps el próximo año, la mayor desde 1970.

 

 

 

A México le perjudica exportar petróleo

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México tomó la decisión de parar su producción de petroquímicos para exporta el crudo ligero del tipo “Istmo”

Las cifras muestran que es deficitario el comercio petrolero por haber cerrado plantas productivas para vender crudo

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Plantas de Polietileno en el Complejo Morelos. Paradas para dar paso a la exportación del crudo tipo “Istmo”

Javier Pulido Biosca

Revista Raíces

Según los Indicadores Petroleros que publica mensualmente la empresa Petróleos Mexicanos http://www.pemex.com/ri/Publicaciones/Indicadores%20Petroleros/indicador.pdf , el comercio petrolero fue deficitario en 2016, alcanzando una cifra negativa anual de -2 mil 376 millones de dólares, mdd, que se origina en una exportación por 17 mil 492 mdd y una importación por 19 mil 868 mdd.

¿Cómo puede ser esto, cuando México es un importante productor de petróleo, petrolíferos y petroquímicos? Tener que importar más de lo que exporta deja ver una importante deficiencia en la política industrial mexicana. El análisis nos permite llegar a la respuesta de que han sido desacertadas las decisiones que ha seguido el gobierno mexicano desde que decidió dejar de procesar el crudo ligero para venderlo en el mercado internacional en vez de producir petroquímicos.

Simples cifras nos permiten entender esta situación: mientras que en 2016 el déficit anual totalizó, según la fuente arriba citada, 2 mil 376 millones de dólares, en los años anteriores la cifra fue superavitaria: En 2015 por 335 mdd; en 2014 resulto el superávit por 12 mil 787 mdd; en 2013 el superávit logró 20 mil 251 mdd y en 2012, antes de las llamadas reformas estructurales el superávit fue de 20 mil 976 mdd.

Pero fue superavitaria porque el crudo del tipo ligero, que se produce en la región del istmo mexicano, se usaba para producir petroquímicos en los principales complejos ubicados en el municipio de Coatzacoalcos, cosa que dejó de hacerse para reducir o cancelar algunas producciones de petroquímicos y petrolíferos.

El volumen de las exportaciones de petróleo crudo se ha mantenido considerablemente estable a partir de este sacrificio de la economía mexicana: En 2016 el promedio fue de 1 millón 194 mil barriles diarios, bpd; en 2015 de 1 millón 172 mil bpd; en 2016 de 1 millón 142 mil bpd; en 2013 de 1 millón 190 mil bpd; y un poco más alto en 2012 con un promedio de 1 millón 256 mil bpd.

Pero para mantener este volumen de exportaciones ante un mercado que exige el crudo ligero, México redujo su producción de petroquímicos y gasolinas para disponer del crudo “Istmo”, cosa que se refleja en las cifras de 2016.

En este último año llegó a su punto más bajo la producción de petrolíferos, con un promedio de 1 millón 119 mil 200 barriles de petróleo diarios, bpd, cifra significativamente por debajo de la de 2013 que fue de 1 millón 456 mil 700 bpd.

Lo mismo sucede con la producción de petroquímicos: en 2013 fue de 11 millones 478 mil toneladas anuales, para caer a 8 mil 902 toneladas anuales en 2016.

Estas cifras hablan de una política fallida desde 2012 para la industria energética que lleva al contrasentido de que se tenga que vender el crudo para importar petrolíferos y petroquímicos habiendo la capacidad instalada para producirlos.

 

Abundan los datos

Para no cansar el lector, tomaremos dos ejemplos de la producción petroquímica: el cloruro de vinilo, base para la producción de PVC, y el polietileno, ampliamente utilizado en la industria del plástico.

El cloruro de vinilo alcanzaba una producción, en 2013, de 108 mil toneladas, cifra que se tornó en ceros desde 2014 debido a que la planta fue vendida a la privada Mexichem, que integró con Pemex una empresa llamada Petroquímica Mexicana del Vinilo. Mexichem, el socio privado, requiere de 800 mil toneladas anuales para producir PVC, no se entiende por qué Pemex dejó de producir para trasladar esta fabricación al privado e importar el complemento.

El otro caso, del polietileno, muestra que en 2013 se totalizó una producción de 604 mil toneladas, que satisfacían el 30% del mercado nacional, lo que sirvió de argumento para justificar la instalación de una planta de la brasileña Braskem, filial de la constructora Odebrecht, señalada en toda Latinoamérica como empresa que opera a partir del soborno.

En 2016, año en inicia la operación de Braskem, con capacidad instalada para 1 millón de toneladas anuales, la producción de Pemex cayó a 473 mil toneladas anuales, cerrando el mes de diciembre con una ínfima producción de tan solo 23 mil toneladas.

Por su parte, Braskem declara a través de su vocero oficial, Sergio Plata, que en los seis meses de operación desde su inauguración logró producir al 85% de su capacidad instalada, lo que representa 425 mil toneladas en esos seis meses.

Abastece a clientes en México y en otros países, pero los clientes de Pemex se ven obligados a importar el producto porque de los poco más de 3 millones de toneladas anuales que se consumen en el mercado interno, tan solo se cuenta con las 425 mil toneladas de Braskem y las 23 mil de Pemex.

Los productos que dejaron de fabricarse para vender crudo ha habido que importarlos y este es el origen del creciente déficit comercial en Pemex.

 

 

Algunas cifras hablan de la política errática de Pemex: la elaboración de petrolíferos ha ido decayendo a partir de 2012, que se produjo 1 millón 404 mil 800 barriles de petróleo diarios de petrolíferos. En. Para 2014 la cifra decayó a 1 millón 385 mil bpd y en 2015 volvió a caer a 1 millón 267 mil 300 bpd, llegando a su punto más bajo en 2016.

Esta reducción no se explica, ya que la capacidad instalada en las refinerías sigue siendo la misma.

Lo mismo sucede, como muestran los mismos datos generales de la petroquímica, que para 2014 bajan a 11 millones 318 mil toneladas anuales y para 2015 a 9 millones 887 mil toneladas, para llegar a 2016 con un total anual de 8 millones 902 mil toneladas.

 

 

Las gasolinas y la reforma subrepticia

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¿Quién garantizará el abasto de combustibles?

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Desmantelan a Pemex

Fluvio Ruíz Alarcón

 

En el proceso de implementación y sin que se le llame por su nombre, hemos sido testigos de la manera en que el Estado mexicano ha ido “reformando la reforma” energética. Todo empezó con la aplicación misma del sexto transitorio de la reforma constitucional: en contra de lo estipulado expresamente en este artículo, no todos los campos en producción le fueron otorgados a Pemex y varios de estos campos productores fueron licitados en la Tercera Convocatoria de la Ronda Uno. En contrapartida, a nuestra Empresa Productiva se le dieron a “resguardo” 95 campos, sin ninguna base legal claramente estipulada en la propia reforma. Asimismo, a la fecha, no se le ha reconocido a Petróleos Mexicanos, el “justo valor económico” de las inversiones hechas en las áreas no retenidas tras la Ronda Cero puesto que a pesar del mandato, tanto de la propia reforma constitucional como de la Ley de Ingresos para 2016; los lineamientos finalmente emitidos por la Secretaría de Energía, pretenden reconocer solo las inversiones en activos físicos hechas en áreas solicitadas y no retenidas en la Ronda Cero. Esta diferencia de criterio da lugar a una diferencia abismal de valor (17 a 1), entre lo que se le debe reconocer a Pemex, conforme a la letra y el espíritu de la reforma constitucional; y lo que pretende Sener con sus lineamientos.

En cuanto al gobierno corporativo, los márgenes de autonomía presupuestal y de gestión establecidos en la Ley de Petróleos Mexicanos, han sido acotados en la práctica. No olvidemos que fue la SHCP quien anunció el primer recorte presupuestal de Pemex; y fue la Sener quien hizo público que nuestra empresa productiva no participaría en las primeras tres convocatorias de la Ronda Uno.

Además, en el afán por atraer capitales a pesar de los bajos precios del crudo, se han tomado medidas como la flexibilización de los requisitos cualitativos y cuantitativos de participación en las licitaciones; el reconocimiento de un 25% adicional en los costos recuperables en caso de éxito exploratorio de los contratistas o la posibilidad de realizar trabajos de exploración en toda la columna del área otorgada. Incluso, la Secretaría de Hacienda se ha colocado en el límite de la legalidad, al no solicitar en los contratos de licencia, el bono a la firma previsto en la Ley de Ingresos sobre Hidrocarburos.

En este contexto de búsqueda febril de inversiones, pareciera ubicarse la propuesta contenida en la iniciativa de Ley de Ingresos para el ejercicio fiscal 2017, que pretende modificar las fechas de la puesta en vigor del libre mercado de gasolinas. Escribimos “modificar” y no “adelantar” la fecha -como se ha manejado mediáticamente-porque en realidad de eso se trata: el inciso c) de la fracción I del artículo décimo cuarto transitorio de la Ley de Hidrocarburos vigente, señala que en relación con los mercados de gasolina y diésel, “a partir del 1o de enero de 2018 los precios se determinarán bajo condiciones de mercado”. En cambio, en la iniciativa de Ley de Ingresos para 2017, se abroga la disposición antes señalada y se estipula “que durante los años de 2017 y 2018 los precios al público se determinen bajo condiciones de mercado. La calendarización mencionada se llevará a cabo por regiones del país y se dará a conocer a más tardar el 31 de diciembre de 2016”. Esto significa que después del 1o de enero de 2018, bien podría haber regiones enteras del país, con precios regulados de la gasolina y el diésel.

En el extremo, esta calendarización que, conforme a la misma iniciativa, deberá establecer la Comisión Reguladora de Energía, “tomando en cuenta la opinión que emita la Comisión Federal de Competencia”, bien podría significar que en todo o en la mayor parte del país, los precios se fijaran bajo condiciones de mercado hasta bien entrado el 2018. Sobre todo, si consideramos que en el mes de julio de este año, la Cofece emitió un documento titulado “Transición hacia mercados competidos de gasolinas y diésel”, que contiene 25 recomendaciones de diversa naturaleza (legislativa, regulatoria, de inversión en infraestructura, etc.). Algunas de estas recomendaciones (como la relativa al robo de combustible) merecen un análisis a profundidad y, en caso de aceptarse, muchas de ellas (como la de la infraestructura asociada a los puertos) requerirían de cambios legislativos y un cierto tiempo para su maduración, precisión e implementación.

Por supuesto, también existe la posibilidad de que veamos la redición de un proceso similar al que ocurrió para adelantar la libre importación de gasolinas y diésel. Recordemos que este adelanto se hizo sobre la base de un documento de apenas seis páginas, emitido por la Cofece, lleno de lugares comunes sobre los beneficios esperados de la competencia y en el que nunca se explica cómo las condiciones del mercado permitían el adelanto en las fechas de otorgamiento de permisos. A la fecha, suman ya más de 400 los permisos de importación concedidos; pero no han tenido ningún efecto palpable para la población.

En este sentido, el punto clave es la infraestructura y las condiciones o incentivos que se requieren para que haya inversión en élla. Actualmente, Pemex es el único que tiene infraestructura y capacidad comercial para importar petrolíferos en grandes volúmenes. Además de la regulación para permitir que los comercializadores privados tengan acceso a la infraestructura de Pemex, existen otras variables que inciden en la decisión de invertir: los precios internacionales, la facultad de Hacienda de fijar precios máximos y el nivel impositivo. Este último se mantiene invariante en la iniciativa de Ley de Ingresos para evitar una caída en los ingresos fiscales del Estado, en momentos de dificultades presupuestales.

Por su parte, los precios internacionales han tenido una tendencia a la alza en el presente año. De consolidarse el reciente acuerdo de la OPEP en Argel, se fortalecerían los precios del crudo y por tanto, de sus derivados. Siguiendo la (insostenible) lógica utilizada por el Gobierno en los meses recientes, de que si los combustibles bajan es gracias a la reforma energética, pero si suben es culpa de factores externos; la propia iniciativa de Ley de Ingresos para 2017, anticipa el efecto, exculpando a la reforma y conminando a los ciudadanos a acostumbrarse a tan moderna manifestación del mercado. En fechas recientes, diversos grupos empresariales han pronosticado un incremento significativo como resultado del libre mercado de gasolinas y diésel.

La liberalización de los precios de la gasolina; provocará una diferencia de precios entre las distintas regiones y centros de consumo del país; pues empezarán a ser visibles los costos de transporte y distribución que hoy no se reflejan directamente en el precio final. Los precios al consumidor serán menores en las grandes urbes cercanas a las refinerías nacionales o a la infraestructura de almacenamiento y distribución; que en las pequeñas poblaciones pobres y aisladas. De hecho, el inciso b) de la fracción I del décimo cuarto artículo transitorio de la Ley de Hidrocarburos vigente, establece que desde el 1 de enero de 2015, los precios máximos deberían “considerar las diferencias relativas por costos de transporte entre regiones”. Esta disposición no se ha cumplido puesto que los precios -con excepción de la frontera norte, por otras razones-, son los mismos en todo el país. En el transcurso del año se modificó la fórmula de precios, de manera tal que Pemex absorbió buena parte de los incrementos.

Por otro lado, en la iniciativa del Ejecutivo, hasta 2018 se mantiene la facultad de la Secretaría de Hacienda para fijar precios máximos, cuando a juicio de la CRE, con opinión previa de la Cofece, se presenten “aumentos desproporcionados en los precios al público” de las gasolinas y el diésel. Para hacer el análisis económico de un proyecto de inversión, esta disposición, basada en un criterio cualitativo que puede terminar siendo hasta arbitrario, es difícil de incorporar. La pregunta obvia es ¿cuánto es desproporcionado? ¿cinco, diez, quince por ciento de aumento? ¿el doble de lo que aumente la inflación? Además, esta facultad del Estado se mantiene a partir de 2019, solo que se transfiere a la CRE, cuando la Cofece “determine que no existen condiciones de competencia efectiva”. De manera que ¿dónde quedó la apuesta por el sacrosanto libre mercado? Muy probablemente, agazapada en el temor ante los efectos políticos de alzas muy grandes y regionalizadas de los precios de los combustibles.

En todo caso, una pregunta que debería merecer una respuesta clara desde el Ejecutivo es ¿Quién y cómo va a garantizar el abasto de combustibles en el país? Entre las 25 recomendaciones que contiene el documento de la Cofece citado líneas atrás, está la de que, antes de abrir el mercado, se tenga un Plan Nacional de Suministro (nosotros diríamos un Plan de Seguridad Energética). Al respecto, vale la pena señalar que nuestra principal fuente de aprovisionamiento, los Estados Unidos de América, produce el 106% de su consumo nacional. Hasta ahora, ese seis por ciento de excedente ha servido para suministrarnos lo esencial de la gasolina que importamos. Sin embargo, si hubiera un fuerte huracán, por razones de seguridad energética, Estados Unidos cerraría sus fronteras para garantizar su abasto interno, como ocurrió con el huracán Katrina. Esto nos coloca en una situación de extrema fragilidad, que debería ser analizada y prevista por el Estado; pero que no está contemplada en la iniciativa del Ejecutivo.

A casi tres años de la reforma constitucional en materia energética, bien vale la pena analizar, evaluar, ajustar o “reformar la reforma”; pero debiera hacerse a partir de una perspectiva y un debate integral, incluyente y transparente. Si el objetivo es construir una sólida industria petrolera nacional, no ayuda en mucho hacer cambios en forma subrepticia, inconexa y descontextualizada.