CX ANIVERSARIO DEL NATALICIO DE MIGUEL COVARRUBIAS

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Miguel “El chamaco” Covarrubias y su pareja,  Rosa Rolando

Miguel “El chamaco” Covarrubias y su pareja, Rosa Rolando

Florentino Cruz Martínez

Cronista de Cosoleacaque

El 22 de noviembre se cumplieron 110 años del nacimiento del extraordinario caricaturista, ilustrador, pintor, antropólogo, arqueólogo, coreógrafo y museógrafo Miguel “El chamaco” Covarrubias, quien nació en 1904 en la ciudad de México. Atraído por la caricatura, abandonó sus estudios en la Escuela Nacional Preparatoria y, en 1923, emigró a Nueva York.

Allí trabajó para el Times y el New York World; y colaboró en las revistas Vanity Fair, Vogue, Fortune y The New Yorker. En 1925 editó The Prince of Wales and other Famous Americans y en 1927 Negro Drawings. Gracias a estos libros de caricaturas, la Enciclopedia Británica lo incluyó en su lista de “Maravillas del lápiz” de artistas del blanco y negro.

El 24 de abril de 1930 contrajo matrimonio con Rosa Rolando en Kent Cliff Putman Valley, Nueva York. Durante su luna de miel, permaneció 9 meses en la isla de Bali. En 1935 Covarrubias volvió a radicar en México. A fines de 1938 y principios de 1939 pintó seis mapas murales de la cuenca del Pacífico para la Exposición Internacional del Golden Gate, efectuado en San Francisco, California.

Autoretrato

Autorretrato

En 1942 dirigió el proyecto arqueológico de Tlatilco y en 1945, con Daniel F. Rubín de la Borbolla y René d’Harnoncourt, editó el catálogo de la exposición “El Arte Indígena de Norteamérica”. En 1947 pintó en México dos enormes tableros: “Mapa de la República” en el hotel del Prado; y “Una tarde de domingo en Xochimilco”, en el bar del hotel Ritz.

Entre 1950 y 1952 Covarrubias fue jefe del Departamento de Danza del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA). En 1951 pintó el mural “Geografía del Arte Popular de México”, en el Museo Nacional de Artes e Industrias Populares. Posteriormente publicó en Nueva York los libros: The Eagle, the Jaguar and the Serpent. Indian Art of the Americans: North America, Alaska, Canada, the United States (1954) y, de forma póstuma, Indian Art of Mexico and Central America (1957). El 5 de febrero de este último año, falleció en la ciudad de México.

EL SUR DE MÉXICO

A fines de diciembre de 1940 Miguel Covarrubias y Rosa Rolando realizaron una excursión por la costa del sur de Veracruz, misma que se prolongó a La Venta y al Istmo de Tehantepec. Producto de esta excursión fue el libro Mexico South. The Isthmus of Tehuantepec, impreso en Nueva York en 1946.

El sur de Veracruz

El sur de Veracruz

Durante su viaje al sur de Veracruz visitaron Minatitlán y se internaron en “los hermosos pueblitos de Zaragoza, Otiapa y Cosoleacaque”, dejándonos una espléndida descripción de ésta última “aldea”, ilustrada con 4 dibujos y una pintura titulada “Mujer de Cosoleacaque”. Por su parte, en el álbum fotográfico se incluyen 5 fotografías en blanco y negro tomadas por Rosa Rolando. Aquí un fragmento de la descripción.

COSOLEACAQUE EN 1940

“El más interesante de estos poblados indios es Cosoleacaque. Sus chozas limpias, rodeadas de patios bien barridos, están irregularmente distribuidas sin formar calles y se comunican unas con otras mediante caminitos serpentinos. Todo tiene un techo natural de vegetación frondosa. Hay en el paraje una amplia gama de árboles tropicales: las grandes ceibas, los majestuosos mangos, hules de troncos cicatrizados, papayos, almendros y plátanos; hibiscos y franchipanieros, zapotes, mameyes, cocoteros.

En su conjunto, conforman un transfondo verdeobscuro que hace contraste con lo cobrizo de la tierra, de las chozas, de los niños desnudos y los torsos descubiertos de las rechonchas mujeres que entran y salen de sus viviendas. Las mujeres acarrean agua, tejen, desvainan el café o muelen maíz. Es una escena idílica de la vida primitiva en su mejor manifestación, que es de paz, sencillez y armonía.

Al centro de la aldea se abre un espacio amplio donde se encuentra una iglesia blanca sin torre que tiene aspecto de granero. Las vetustas campanas de bronce están suspendidas dentro de un cobertizo con techo de paja situado a un lado. El interior del templo no contiene bancas, ni púlpito, ni confesionario, sino solamente nichos y vitrinas, alegremente pintadas, a lo largo de las paredes, como si fuera museo (…).

Las casas de Cosoleacaque son pequeñas y rectangulares. Sus paredes se forman con varas entretejidas y embadurnadas nítidamente de barro entre rosa y naranja. Los techos de paja son de dos aguas y se apoyan en horquillas verticales, postes y bambú y el espacio creado en su interior se aprovecha como almacén. Dos puertas alineadas frente a frente y una ventana cuadrada dan la ventilación necesaria. El piso consiste simplemente de tierra compacta, las camas son entrepaños de bambú fijados en las paredes y hay una hamaca para descansar. La gente se sienta en bancas de tosco acabado, sillas diminutas o bloques de madera ahuecados en su base para reducir el peso. Los bebés se mecen en cunas hechas de redes estiradas sobre armazones ovales de madera que penden de las vigas como las charolas de balanza (…).

Mujer de Cosoleacaque

Mujer de Cosoleacaque

Los habitantes de Cosoleacaque son apuestos y limpios, de rostros finos y cuerpos pequeños, fuertes y gruesos. Los hombres siempre se ausentan de la aldea durante el día por la lejanía de las milpas que trabajan. Como todos los campesinos mexicanos, su indumentaria consiste en pantalón, camisa, sombrero de paja y huaraches; pero las mujeres todavía usan vestimentas idénticas a las de tiempos precolombinos: una falda enrollada de tela tejida a mano con rayas amarillas, rojas, negras y blancas, o azul subido de rayitas blancas o bien, un sustituto similar de manta más corriente de fábrica que compran en Minatitlán. La falda se sostiene en la cintura mediante una tiesa cinta acanalada de manufactura local de tejido complicado y que, muchas veces, se adornan espléndidamente con figuras geométricas y de animales.

Arreglan el pelo con dos trenzas entrelazadas de listones rojos, los cuales se cruzan por la nuca y se pasan por la cabeza hacia adelante, donde se hace un moño. Además, invariablemente llevan flores frescas en las trenzas. En casa andan desnudas hasta la cintura y, al salir, tapan los hombros con un paño blanco, rosa o lavanda para protegerse del sol; pero sus visitas a Minatitlán o las fiestas del pueblo son ocasiones en que se ponen blusas sin mangas con cuellos escotados de punto”.

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