Caballero y su pésimo gobierno

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La opinión del ciudadano es que resultaron cuatro años de sordera y ceguera ante las necesidades de la ciudad

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Una familia de saqueadores felices

Javier Pulido Biosca

Revista Raíces

Cuando se supo que Joaquín Caballero Rosiñol se haría cargo de encabezar el ayuntamiento de Coatzacoalcos se tuvo la conciencia de que sería un gobierno de encubrimientos y latrocinios: Ya Joaquín tenía una trayectoria de esa índole como director de Desarrollo Urbano en el municipio de Coatzacoalcos.

Los latrocinios siguieron, esta vez protegido por Marcel Montiel, para quien trabajó como secretario de Desarrollo Urbano.

Como diputado federal le tocó en 2012 aprobar la llamada “reforma laboral”, mostrando su interés por despojar al trabajador de las garantías para su salario y su estabilidad laboral. Probada su traición contra de los mexicanos, le fue otorgado por su partido el premio de ser alcalde de su municipio.

Y recordamos la indignación de su padre, Javier Caballero, cuando hablaba de los “políticos rateros”. Menos mal que tan respetable persona ya había fallecido muchos años atrás antes de que el “Juaco”, como le llama quien le dio la vida, se metiera al triste oficio de ser político ratero.

Se hizo cómplice de Javier Duarte de Ochoa con su silencio ante la falta de envío de las participaciones que por ley le corresponderían al ayuntamiento de Coatzacoalcos. Su silencio lo rompió cuando se dio cuenta de que Miguel Ángel Yunes no se tocaría el corazón por no haberlo recibido en campaña, pero el gobernador le dio la oportunidad.

Pero ahora el sucesor será MORENA y Caballero tiene que dejar las cosas suficientemente bien maquilladas como para que los técnicos y especialistas del partido que representa la voluntad del pueblo de Coatzacoalcos no se den por enterados de las fugas multimillonarias, de los latrocinios que, por años llevaron a cabo estos gobiernos y de los cientos de millones que se fueron a manos peregrinas que solapó el que se ostentó como “Gobierno de la Ciudad”, absurda denominación ante un gobierno que no sólo es una ciudad sino un municipio entero.

En el campo de la obra pública privaron los desvíos de recursos; en los cobros a comerciantes ambulantes y fijos la desaparición de recursos, en el ramo de cultura, priva el encubrimiento de los desvíos y la falta de estrategia para las acciones que puedan no significar latrocinios. La salud pública, la paz social y la moralidad están fuertemente afectadas por Caballero y su gavilla de aventureros.

Afortunadamente, los ciudadanos se dieron cuenta y castigaron, en un principio con el voto. Tal vez más adelante se nutran los expedientes con las denuncias ciudadanas.

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