Primeros trabajos petroleros en el sur de Veracruz

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Este es el capítulo IV del libro Petróleo Poder y Desarrollo que hemos estado dando a conocer por entregas y que pronto verá la luz en impreso

Javier Pulido Biosca

pozo

Los pioneros del petróleo fueron mexicanos, como José Antonio Ortiz, en la zona de Potrerillo (Potrero del Alquitrán), cerca de Limonta. Después los extranjeros aprovecharon esas primeras exploraciones para apoderarse de la riqueza nacional

  1. El Petróleo en el Sur de Veracruz

 

  • 1. Antecedentes

 

La acumulación de dinero, característica del sistema capitalista en Europa y los Estados Unidos, inicia con la llamada Revolución Industrial.  Para 1859 comenzaron a formarse en los Estados Unidos compañías que explotaron y comercializaron el petróleo que, gradualmente, comenzó a sustituir al carbón como combustible para los ferrocarriles y para los nacientes motores de combustión interna que utilizaban los novedosos automóviles.  Esta llamada Segunda Revolución Industrial fortaleció las relaciones de acumulación de riqueza que definen la economía capitalista.

México en ese entonces vivía el paso de la economía agrícola a la industrial, aspiración insatisfecha por los mexicanos de la época y que todavía hereda secuelas hasta nuestros días.  Pero hubo mexicanos que vislumbraron la importancia del país en la producción petrolera, como es el caso de Matías Romero, representante del gobierno de Juárez en Washington, quien escribe en 1865:

 

“… El aceite sustituirá dentro de poco al carbón de piedra y a la leña, y será el único combustible que llegue a usarseEsta nueva fuente de inmensa riqueza descubierta en este país ha hecho pensar a los especuladores de mayor espíritu de empresa que en México debe haber veneros más ricos que los de Pennsylvania, cuya teoría parece sostenida por la configuración geológica de la República[1]

 

 

El mismo Matías Romero advirtió sobre la posibilidad que tenía el gobierno de México de ser engañado por las compañías petroleras nacientes, sin embargo las leyes vigentes, herederas de las leyes borbónicas, conservaban el dominio del subsuelo para la Nación, heredera del concepto de Soberano de la legislación anterior.

Los países industrializados comenzaron a buscar nuevos abastecedores de materias primas al mismo tiempo que mercado para sus productos.  Se desplazaron las grasas animales como iluminantes y comenzó a utilizarse la kerosina y el quinqué.

Para 1870 surge la compañía estadounidense Standard Oil Company, propiedad de Rockefeller, que sólo encontró contrapeso hasta 1907 con la Royal Dutch Shell, formada a partir de la compañía holandesa Royal Dutch, dirigida por Henri Deterding, y la compañía inglesa Shell Transport, encabezada por Marcus Samuel, importante empresario que tenía una red de comercio para las perlas preciosas de Oriente y el petróleo ruso de los Rothschild.

En 1863 –cuatro años después de que el coronel Drake perforó el pozo en el cañón de Oil Creek– un sacerdote en Tabasco, llamado Manuel Gil y Sáenz, descubrió en la región donde ahora se ubica Ciudad PEMEX un yacimiento que bautizó como Mina de Petróleo San Fernando, de donde extrajo petróleo de buena calidad pero que no pudo comercializarlo a causa de la sobreproducción del mercado de hidrocarburos en EE.UU.[2].

En 1883 Simón Sarlat Nova, gobernador de Tabasco, formó la primera compañía petrolera en México.  En esa época los yacimientos se encontraban en la superficie, lo que facilitaba la extracción del betún.  Pero la compañía de Sarlat no prosperó, no obstante su posición privilegiada como gobernador de Tabasco que le permitía adquirir maquinaria del extranjero.  Su falta de éxito se debió a dos factores fundamentales: la escasa demanda en el país y las deficientes vías de comunicación entre Tabasco y los principales centros de consumo de iluminantes.  El precedente abierto por Sarlat permite ver el interés y la alta calidad del petróleo producido en la región que comprende el Istmo mexicano, aunque aquí estamos hablando ya de la sierra de Tabasco en la colindancia con Chiapas.

En 1884 se llevó a cabo otro intento de explotación en el estado de Veracruz.  Un médico estadounidense, Adolfo Autrey, que llegó con la Guerra de Secesión y se naturalizó como mexicano, obtuvo la posesión de una mina de petróleo en el cantón de Papantla a la que bautizó como La Constancia y donde empezó a producir petróleo como iluminante.  A pesar de la buena calidad del producto la compañía fracasó debido, también, a la distancia con los centros de consumo y a la falta de medios de comunicación adecuados[3].

La situación del país en ese entonces requería que inversionistas fuertes desarrollaron el medio de comunicación ideal para sacar sus productos petroleros y colocarlos en los mercados de consumo, había que construir ferrocarriles.  Por esa razón es que el gobierno de Díaz favoreció las inversiones extranjeras y concesionó el tendido de vías de ferrocarril al par que la explotación petrolera.  Los grandes capitales internacionales comenzaron a colocarse dentro del país en las actividades petroleras al par que en la construcción de ferrocarriles.

La región de Papantla fue la que más atrajo inversionistas.  En 1884 la London Oil Trust inició sus actividades, sin haber obtenido mayor éxito, por lo que sus acciones las adquirió la Mexican Oil Corporation, sin obtener tampoco las ganancias esperadas.  En 1887 un estadounidense llamado Henry Clay Pierce construyó una planta de refinación en Tampico con miras a importar petróleo de los EE.UU. y refinarlo para uso de los nacientes ferrocarriles[4].

En este momento se hizo necesaria la modificación de las leyes relativas a la propiedad con la finalidad de que los inversionistas extranjeros encontraran más atractivo hacer empresas en México.  Las leyes y regulaciones sobre las minas y la propiedad del subsuelo cambiaron sustancialmente.  El concepto hispanoamericano de que la Nación es propietaria del subsuelo se sustituyó en el Código Minero de 1884 por el concepto anglosajón de la plena propiedad privada, incluso de los productos del subsuelo.  Esto se vio confirmado en la Ley del Petróleo de 1901, que buscaba estimular la localización de nuevos yacimientos a la vez que pretendía regular su explotación.

Esta ley establecía que los dueños de terrenos podían hacer dentro de sus propiedades las exploraciones y explotaciones de hidrocarburos que desearan, lo único que prohibía era abrir pozos dentro de las poblaciones y en un radio hasta de 300 metros de sus últimas casas[5].  Con estas disposiciones los concesionarios, muchas veces poseedores de hecho, al explorar y explotar el hidrocarburo sentaban las bases para que se les respetara como propietarios legales de las tierras.  Esto dio pie a muchas injusticias.

Esto hizo surgir una nueva definición de la lucha por la tenencia de la tierra, anteriormente se buscaba principalmente el beneficio de las tierras productivas en agricultura, ganadería y minería.  El petróleo agrega nuevas expectativas y la práctica de acaparar tierras adjudicándose las que se consideraban baldías se convirtió en una actividad con muchas posibilidades a futuro.  La huella más importante en ese tiempo la marcaron los capitalistas extranjeros Edward L. Doheny, estadounidense, y el inglés Weetman Dickinson Pearson.  La empresa de Doheny, quien llegó a México hacia mayo de 1900, fue la Mexican Petroleum Company, recibió del gobierno mexicano amplísimas concesiones con un sólo compromiso que, si llegaba el caso, no vendería sus propiedades a la Standard Oil, de Rockefeller, sin antes dar al gobierno de México una opción de compra[6].  La condición no fue cumplida, pero ese tema de la relación del gobierno mexicano con los inversionistas de EE.UU. y la política que se siguió con los de origen Inglés resulta ser una temática que tocaremos con extensión más adelante.

 

 

  • 2. Primeras Explotaciones Petroleras en el Sur de Veracruz

 

 

Una gran parte de la historia del sur de Veracruz queda por escribirse, los libros publicados sobre el tema son pocos y las referencias a que hacen mención son muchas veces inciertas. El tema del petróleo ha sido descuidado casi por completo y la información que se ha dado a conocer proviene poco más o menos en su totalidad de los archivos que están en poder de Petróleos Mexicanos, descuidando la existencia de otras fuentes que, en ocasiones, proporcionan datos sobre tópicos que a la empresa no le interesó compilar o que, por su antigüedad, se perdieron al paso de los años y los múltiples administradores.

Tal es el caso de los documentos que llegan hasta nosotros gracias a la amable intervención de Rafael Olán Ruiz, ex Director del tristemente efímero Museo de Nanchital, creado durante el ayuntamiento 1998–2000 y destruido como uno de los primeros actos de gobierno del siguiente ayuntamiento (2001–2004).

El testimonio mencionado, que reseña el que tal vez haya sido el primer intento por industrializar el petróleo en el sur de Veracruz, proviene del Archivo Cantonal de Minatitlán y está fechado en septiembre 6 de 1886, refiriendo a trámites llevados a cabo por el terrateniente José Antonio Ortiz en años anteriores.

El documento explica que José Antonio Ortiz, quien era natural de Santiago Tuxtla y se dedicaba al comercio en Minatitlán, hizo el denuncio a su favor de dos criaderos de petróleo ubicados en el sitio conocido como Potrero del Alquitrán, en terrenos del municipio de Minatitlán y localizado “a dos kilómetros en línea recta desde la margen izquierda del río Coachapa[7]. Uno de los criaderos estaba situado en el lugar llamado “Las Salinas”, dentro del mismo Potrero del Alquitrán y el documento explica que tenía los siguientes linderos: “Al norte, la Laguna del Arenal; al sur el arroyo de Capulapa; al este el río Coachapa y al oeste la laguna denominada de Tío Felipe[8]. La fecha del primer denuncio fue el 15 de noviembre de 1884, ante la Jefatura Política Cantonal de Minatitlán.

La manera de fijar las colindancias, seguramente muy apropiada en su época, resulta hoy casi inextrincable. De esos sitios sólo es conocido en la actualidad el río Coachapa, que el acta fija dos kilómetros al este del Potrero del Alquitrán.

El citado documento fue admitido por el Gobierno de Veracruz el 4 de diciembre del mismo año, representación cuya sede estaba en Orizaba hacia esas fechas. Esta circunstancia lleva a observar algunos efectos de la conocida pugna entre los comerciantes de Xalapa y los terratenientes del valle de Orizaba. Los primeros controlaban el comercio a través del puerto de Veracruz en las muy famosas ferias que se llevaban a cabo en la próspera Xalapa. Los segundos, herederos de la noble prosapia del Marqués del Valle de Orizaba y de la fuerza económica e iniciativa modernizadora de la familia Escandón, habían logrado que el tendido del ferrocarril “El Mexicano”, corriera por Orizaba y Maltrata. Ambos tenían mucho que ofrecer, por lo que el gobierno de Veracruz estuvo en ciertas etapas asentado en Orizaba, resultando que Xalapa finalmente ganó en la citada pugna.

La rúbrica de la respuesta al denuncio es de Juan Enríquez, Gobernador que después hizo grandes obras públicas en Xalapa, al grado que la ciudad lleva su apellido. La respuesta del Gobernador es la de conceder el aprovechamiento de esas chapopoteras o “minas” de petróleo al solicitante, siempre que no haya perjuicio de terceros.

 

 

  • 3. Las Nuevas Leyes Sobre Minería Afectaron el Proceso

 

En esos trámites estaba don José Antonio Ortiz cuando entró en vigencia el nuevo Código de Minas de los Estados Unidos Mexicanos, que derogó las Reales Ordenanzas de Minería para la Nueva España expedidas el 22 de mayo de 1783, así como las demás leyes, decretos y disposiciones del régimen colonial, de la Federación y los Estados sobre el ramo de minería. El Artículo 10 de este nuevo Código establecía que el dueño de la superficie lo es también del subsuelo. El propietario, por tanto, no necesitaría ya de una concesión del Estado mexicano para explotar el subsuelo. El nuevo Código refleja las políticas económicas que Porfirio Díaz implantaría desde el primer día de su segundo periodo de gobierno, que comenzó el primero de diciembre de 1884.

En las fechas en que comienza el trámite a que estamos haciendo referencia el ambiente mexicano con relación al petróleo estaba comenzando a inquietarse, por lo que encontramos acciones, como la del entonces Gobernador de Tabasco, Simón Sarlat, quien forma en 1883 una compañía petrolera, con capital de un millón de pesos, para explotar en gran escala la antigua Mina de San Fernando, de la que extrajo producto de buena calidad pero que no pudo prosperar a falta de vías de comunicación adecuadas (también fue Sarlat quien se interesó por construir un ferrocarril entre Tabasco y Acayucan, pasando por La Macuspana, región donde se ubica el citado pozo). En ese entonces ya se perfilaba lo que, pocos años después, serían las características de la industria petrolera internacional, que controlaba también a los transportes, como los ferrocarriles, los puertos y el transporte marítimo.

En ese marco se dan las gestiones de José Antonio Ortiz, a quien se le dio posesión de las citadas chapopoteras el 20 de marzo de 1885, según lo determinó el nuevo Código de Minas Vigente en 1885.

Antes de comenzar con el protocolo del denuncio José Antonio Ortiz había hecho los acuerdos necesarios con los dueños de las tierras en que estaba el Potrero del Alquitrán, que se localizaba en los terrenos de Otapa, propiedad de la señora Juliana Rappen de Ochoa y del señor Pelayo R. Ochoa, de quienes era hijo político José Antonio Ortiz y quienes dieron permiso por escrito, fechado el Primero de septiembre de 1884 para extraer los citados jugos de la tierra con fines experimentales. Más tarde en junio 5 de 1885, una vez que el Supremo Gobierno del Estado de Veracruz dispuso que Ortiz fuera poseedor de las minas de petróleo del Potrero del Alquitrán, doña Juliana Rappen de Ochoa autorizó que utilice la parte de terreno que necesite para la explotación de las mencionadas minas de chapapote y petróleo; la autorización también comprendía el uso de los materiales que fueran necesarios para la explotación de dichas minas y existieran en el citado terreno, “pudiendo ejercer todos los demás actos que yo como propietario ejerzo[9].

 

 

  • 4. Supervisión de los “Criaderos” de Petróleo

 

Para el primero de julio de 1886 el Gobierno Cantonal de Minatitlán aún no había dado posesión legal de las chapopoteras del Potrero del Alquitrán, a pesar de que la autorización para ello había sido dada por el Gobernador desde el 20 de marzo de 1885, por lo que se turnaron escritos para que, por fin, se designara como perito de minería al señor Pascual Mortera, para que diera reconocimiento de las citadas chapopoteras para que su dictamen se incorporara al expediente, el cual se incorporó el primero de agosto de 1886, confirmando la existencia y ubicación de los citados criaderos “… uno de petróleo y otro de chapopote[10].

Pero el tiempo no fue perdido para José Antonio Ortiz, quien comenzó los trabajos, de tal manera que, cuando llegó el perito, en ambos criaderos encontró “… un pozo necesario para la explotación de ellos[11], con dos varas de diámetro y veinte varas de profundidad[12]. No especifica el documento si había extracción de betún, o qué clase de experimentos se llevaban a cabo con esos alquitranes. Los testigos para el acto de dar posesión a José Antonio Ortiz fueron Marcelo Montalvo e Isidro Ortiz. En el acto protocolario estuvo también presente Pelayo R. Ochoa, como representante de doña Juliana Rappen de Ochoa, quien adquirió los terrenos el 24 de marzo de 1865 del señor Claudio Galmiche.

 

 

  • 5. ¿Qué se Hizo con el Petróleo?

 

No hay más datos que nos permitan saber si la explotación del petróleo y chapopote fue exitosa. Tampoco se sabe el tipo de experimento que pudo haber llevado a cabo José Antonio Ortiz. Si se trató de producir combustible o petróleo para iluminante ha de haber sido en pocas cantidades, ya que no se registra ninguna transacción comercial de este tipo en los archivos cantonales de la región. Tampoco es seguro que se haya pensado en producir combustible para el ferrocarril, porque éste tenía en las fechas que nos ocupan un avance de menos de 45 kilómetros, cuando lo deja la compañía de Learned y toma la obra el Gobierno Federal para entregar el ferrocarril, de vía angosta, hasta 1894, ocho años después.

Tal vez José Antonio Ortiz hubiera tenido más éxito que Sarlat, porque las vías de distribución del petróleo le eran más expeditas dadas las ventajas de la comunicación fluvial por el Coachapa hasta Minatitlán y Coatzacoalcos, que ya operaba como puerto desde 1882. Pero estos detalles de la micro historia regional aún resultan desconocidos.

 

  • 6. El Trabajo Petrolero en Manos Extranjeras

 

En el segundo periodo figuran Pearson y Doheny, quienes contaron ya con la facilidad del ferrocarril (Pearson fue reformador del Ferrocarril Nacional de Tehuantepec) y perforaron los primeros pozos con valor comercial.  Pearson, de origen inglés, contó con todo el apoyo de Porfirio Díaz y pudo instalar una refinería en Minatitlán que contaba con la más novedosa tecnología de su época.  Doheny, de origen estadounidense, contaba con el apoyo de otros petroleros de EE.UU. que operaron en el norte de Veracruz y Tamaulipas, teniendo dos refinerías y la parte mayoritaria de la producción nacional de ese entonces.

Tal vez fue el éxito de Pearson en el predio de San Diego de la Mar con el pozo Dos Bocas (1908) uno de los factores que propició la intervención de los petroleros de EE.UU. en los conflictos políticos que se suscitaron con la Revolución.

El hallazgo de nuevos yacimientos en 1908 y 1911 coincidió con la fabricación en serie del automóvil y con la Primera Guerra Mundial, lo que incremento la demanda que, aunada al hallazgo de nuevos yacimientos dio origen a la bonanza, que no fue alterada en lo más mínimo por el proceso revolucionario en que se enfrascó el país.  Al fin de la Guerra Mundial la producción nacional se consideraba que cubría el 15.4% de la producción mundial y, hacia 1921, el 25.2%. La contribución de la actividad petrolera al desarrollo del país no correspondió a los enormes ingresos que obtuvieron las compañías por esta actividad.  Pero tampoco debe subestimarse la contribución que, por la vía de los impuestos, llegaba al presupuesto público y que, hacia 1918 fue del 10.8%, elevándose al 33.6% en 1922[13].

En el cuarto periodo, fue un factor decisivo que comenzaran a explotarse los yacimientos petroleros del lago Maracaibo en 1922 y que esto ocasionara una baja en la euforia que los círculos petroleros tenían sobre México.  El descenso en la producción nacional vino influido por varios factores entre los que figura la recesión económica de los EE.UU. que culminó con la “Crisis del ‘29”, combinada con una estrategia para presionar al gobierno de México para que modificara el texto del Artículo 27 de la Constitución de 1917.  Sin embargo, a pesar de la presión que ejercían las empresas de EE.UU., que culmina en 1929 con la crisis económica de ese país, en la región sur de Veracruz se incrementó la producción, tal vez por haber sido de capital ingles la petrolera El Águila, que vio la oportunidad de colocar ventajosamente sus productos, tanto de crudo como de refinados, en el mercado europeo.  Es ese periodo se desarrollaron las primeras perforaciones en Tonalá, El Plan y El Burro, que dieron origen a un notable auge regional en los años treinta.

El último periodo, que comprende de 1933 a 1938, se caracterizó en la- región por una fuerte producción de El Plan, comparable con los trabajos en Poza Rica, también de El Águila.  Una de las características, al menos en el sur de Veracruz, fue la de un creciente sindicalismo.  De la sola existencia de un sindicato en Minatitlán hacia 1916, se desarrollaron el de los estibadores del puerto, de los trabajadores marinos y otros más, todos en Minatitlán; uno en Francita, en Nanchital, Tonalá, Puerto México, en Cuichapa y en El Plan.  Todos después se integrarían como secciones del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana en diciembre de 1935.

El tono beligerante de los sindicatos era un rasgo característico y también fue una nota característica del sur de Veracruz la constante presencia de ideología socialista en el sindicato de Ferrocarriles así como en muchos sectores de la población, expresado muchas veces en los periódicos locales, que se permitían hacer fuertes críticas a los rescoldos del antiguo régimen; todo esto preparó el camino para la histórica Expropiación del Petróleo, convirtiéndose ésta en un mito que dio origen a la clase obrera petrolera permitiendo su inserción en los niveles de gobierno, trocándose luego en su ideología crítica y convirtiéndose en el más poderoso aliado del sistema político mexicano.

 

 

  • 7. Pearson y el Petróleo

 

En el Istmo mexicano recibió concesiones Weetman Pearson, quien contó con un aparentemente inusitado apoyo del gobierno del General Díaz, quien otorgó, entre otras muchas cosas, concesiones para explotar los yacimientos hasta por 51 años contados a partir de 1902.

Pearson llegó a México en 1889, habiendo sido contratado para construir el Gran Canal del Desagüe en la ciudad de México, que tenía una longitud de más de 47 Km.  Después participó en las obras de mejoramiento del Ferrocarril Nacional de Tehuantepec, que consistieron en lo que arriba se indica[14]

 

A Pearson le tocó un significativo cambio en la manera de llevar a cabo la obra pública en México.  Se pasó de las obras construidas por concesión, en las que el concesionario financiaba la obra con sus recursos privados, a las obras que se hicieron mediante un contratista y el financiamiento era realizado por el Gobierno de México.

La obra pública en el país durante el virreinato se construía con recursos de la corona y se utilizaba como fuerza de trabajo a los reos condenados a trabajos forzados.  Esto permitía abaratar costos pero tenía el problema de no contar con mano de obra capacitada, lo que hacía que las obras se volvieran lentas, o imposibles, como sucedió con las obras del Gran Canal del Desagüe de la Ciudad de México, planeadas desde el siglo XVII y concretadas hasta fines del XIX.

Con la figura del contratismo la responsabilidad del desarrollo técnico del proyecto, la contratación de mano de obra calificada y la entrega a tiempo de las obras corría a cargo del contratista, en tanto que el Estado se hacía cargo de aportar los recursos y de conseguir el financiamiento adecuado.

 

  • 8. Pearson y el Ferrocarril Nacional de Tehuantepec.

 

Durante sus trabajos en el Ferrocarril de Tehuantepec la compañía Pearson ensayó una nueva tecnología en el ferrocarril: sustituir el consumo de carbón o leña por el del petróleo crudo como combustible.  De las 37 locomotoras con que contaba el Ferrocarril Nacional de Tehuantepec en 1905 14 se adaptaron antes de esa fecha y 23 se estaban habilitando en los talleres, según la información publicada en 1905 por El Mundo Ilustrado[15].  Fue el primer ferrocarril en México que consumió petróleo crudo, combustible que resultaba 30% más barato que el carbón.

Hacia 1905 la compañía obtenía el petróleo en los EE.UU., se le transportaba en buques–tanque y desembarcaba en Coatzacoalcos, donde había un tanque de 6 millones de litros y desde el cual se distribuía hacia varios puntos estratégicos de la línea donde había tanques de 24 mil litros.

Esta nueva tecnología, aunada al descubrimiento de varias chapopoteras naturales y pozos exploratorios que se habían abierto con la introducción de las modificaciones a la vía férrea.  Se cita la zona de Jáltipan como abundante en “criaderos de petróleo”[16].  La industria del ferrocarril, junto con la naviera iban a estar ya desde ese entonces indisolublemente ligadas al petróleo.

 

  • 9. Otras Formas de Poder

 

En cuanto a la relación con los pobladores de la región, en particular con los de Coatzacoalcos, la Compañía Pearson and Son, Ltd fue muy cautelosa, se abstuvo de seguir la aspiración de Tyng de ser propietario de las tierras, casas, ejidos, muelles y caminos, aspiración que llevó a Tyng a seguir un largo litigio en que perdió tierras que pretendió poseer y que nunca se las legitimaron.  La compañía inglesa respetó el trazo original de Coatzacoalcos, elaborado por Dreumont, Haviland y Tito Rosas en 1881, pero no intentó hacer ninguna modificación a las relaciones de propiedad de los habitantes de Coatzacoalcos, cosa que le hubiera sido costosa e inútil.  Antes, lo único que construyó en esta ciudad fueron las oficinas de la compañía y las casas que habrían de ser ocupadas por los trabajadores a su servicio.  Sobre el trazo de Coatzacoalcos recordamos el plano de Tyng:

 

        “…Cuidadosamente estudiado y practicado por ingenieros recibidos, que fueron: El ingeniero Haviland (americano), el ingeniero Tito Rosas (hoy inspector en el Ferrocarril Central) y el referido ingeniero Dreumont…”[17]

 

Buscó la empresa Pearson un lugar donde hubiera menos intereses creados, menos lucha por el poder, un lugar no controlado por jefes políticos tan dominantes, o que estuviera fuera de su dominio y donde pudiera tener el control sobre la población.  Lo encontró en un sitio llamado, Rincón Antonio, hoy Matías Romero, ubicado a 204 km. de Coatzacoalcos, en el estado de Oaxaca.  Este sitio se encuentra en la región más alta de la sierra que separa las vertientes del Pacífico y del Atlántico. Se equiparon talleres, se construyó una amplia casa para el gerente general de la compañía, que se instaló en el punto más elevado de la ciudad, se construyeron casas para los mecánicos y operarios técnicos de los talleres, todo de tal manera que: “La población de Rincón Antonio es de 1500 almas, y todas sus construcciones, con excepción de unas pocas casas de comercio, son propiedad de la compañía[18].

Se ve claro el modo como evitó la compañía de Pearson que sucediera lo que pasó con Tyng: en un lugar anteriormente despoblado construyó todo el pueblo para uso del ferrocarril, dejando que los comerciantes que vieran oportunidades de vender en ese pueblo se asentaran, construyendo con sus propios medios.  No había protestas de pobladores anteriores, ni de jefes políticos que reclamaran para sí esas tierras.

También es relevante observar la manera en que se establecieron los contratos con la S. Pearson & Son, Ltd.  En relación con la concesión para la explotación, tanto del Ferrocarril de Tehuantepec como de los criaderos de petróleo encontrados en la ruta, principalmente en el sur de Veracruz y en los municipios de Jáltipan, Ixhuatlán y Minatitlán.  La información dada a conocer por El Mundo Ilustrado indica que el contrato para la explotación del Ferrocarril de Tehuantepec, que como indicamos arriba era por 51 años entre la casa Pearson y el Gobierno de México, el contrato que daba concesión para la explotación, refinación y comercialización del petróleo era también por 51[19] años, a diferencia de las concesiones que fijaba la ley y que eran por dos años y estaban sujetas a duras exigencias para su renovación.

Parece ser que Porfirio Díaz buscaba equilibrar la fuerte influencia que estaba cobrando en la economía de México el capital estadounidense.  En 1911, a pesar de los esfuerzos del General Díaz, el capital estadounidense era el de mayor importancia en la economía de México.  Sus áreas de interés abarcaban empresas mineras, petroleras, ferroviarias, metalúrgicas, bancarias, eléctricas, textiles, navieras, telefónicas y telegráficas, explotaciones agrícolas, etc.

El peligro de tolerar que se desarrollara de manera monopólica el capital estadounidense ya lo habían sentido quienes gobernaban México en ese entonces, pues tenían presente la herida recibida al perder la mitad del territorio nacional en manos de “colonos” de EE.UU., era necesario contrarrestar la posibilidad de que esto sucediera en el Istmo mexicano, razón por la que a la empresa de Pearson registrada según las leyes de Inglaterra, se le dieron las concesiones citadas.

Una nueva forma de poder surge aquí, se trata del gran capitalismo transnacional, representado por dos tendencias, una la de los petroleros y ferrocarrileros de los EE.UU., otra la de los ingleses, cuya presencia la significa Pearson, conocido también por su título nobiliario: Lord Cowdray.

En medio de estos intereses se localiza al del Estado mexicano, representado por Porfirio Díaz, quien en un acto de estrategia económica busca balancear los intereses de los capitalistas de EE.UU. dándole todas las facilidades al particular inglés, a quien lo vemos hacerse cargo de grandes obras de infraestructura: el Gran Canal del Desagüe en la ciudad de México se hace para resolver de una vez y para siempre el viejo problema de las aguas negras ya existente en el Virreinato; las escolleras y muelles en el puerto de Veracruz, junto con una importante obra de dragado, se convirtieron en decisivas para el desarrollo del puerto durante casi un siglo; lo mismo puede decirse del desarrollo de Salina Cruz en Oaxaca, donde se hizo por completo la obra portuaria y la urbanización.  El caso de Coatzacoalcos resulta semejante, la inmensa obra portuaria todavía está en uso y las transformaciones que se han hecho solo han sido de refuerzo en las escolleras y de sustitución de las estructuras metálicas cubiertas de, madera en los muelles por hormigón armado.

 

 

  • 10. Pearson y la Política Económica de Díaz

 

Es un camino lleno de interrogaciones entender las razones que pudo haber tenido el régimen de Porfirio Díaz para otorgar privilegios inusitados al capitalista inglés Weetman Dickinson Pearson, conocido en el Parlamento Inglés como Lord Cowdray.  A diferencia de lo establecido por la ley del petróleo de 1901, que estipulaba que las concesiones para la exploración petrolera y la importación de maquinaria sólo se autorizaban por diez años, luego de los cuales había que renovar la concesión, los contratos concertados con Pearson eran por 51 años.

Inicialmente Pearson exploró las tierras propiedad de Manuel Romero Rubio, suegro de Díaz, en busca de betún, al acondicionar el ferrocarril de Coatzacoalcos a Salina Cruz pudo identificar algunos de los criaderos de petróleo, que localizó en Jáltipan, Minatitlán, Ixhuatlán y otros municipios del sur de Veracruz, obteniendo junto con la concesión para explotar el ferrocarril y los puertos, la de la explotación petrolera.  Posteriormente amplió sus actividades al área de Tampico, donde, en 1908 brotó inesperadamente una cantidad de petróleo que se incendió en el lote número 59 de la Hacienda de San Diego de la Mar, llamado el pozo Dos Bocas número 3, mostrando el fuerte potencial petrolero de México y la magnitud de las riquezas explotadas por Pearson.

Tantas facilidades, tantos privilegios otorgados a una sola persona, hacen pensar en algo más que mera estrategia económica, aunque la estrategia sí se dio.  Hacen pensar en una sociedad de intereses compartidos, más sólida incluso que una entrañable amistad.  Pearson acompaña a Díaz en sus recorridos casi por todo el país.  Pearson explota el petróleo de las tierras que obtuvo Manuel Romero Rubio, suegro del General, al hacer el deslinde del Istmo mexicano.  Es en la casa de Pearson en el puerto de Veracruz donde se lleva a cabo la última recepción de la sociedad mexicana a Porfirio Díaz antes de salir al destierro en 1911. Es en el vapor Ipiranga, propiedad de Pearson, que Díaz sale del país.  Desde Inglaterra apoya Pearson a Victoriano Huerta con dinero y la insistencia en que la Corona Inglesa reconozca el gobierno usurpador en 1913; ya vencido Huerta sale del país por Coatzacoalcos embarcado también en el vapor Ipiranga.  Son muchas concordancias entre Pearson y Díaz, muchos eventos unidos como para pensar que sólo se trata de una amistad entrañable, se trata de una sociedad de fuertes intereses económicos la que liga a Díaz con Pearson.

En esos momentos de la historia de México el poderío de los capitales petroleros estadounidenses agrupados con Rockefeller ponía la economía nacional en riesgo de ser monopolizada por ellos.  En una maniobra que dice mucho de la manera como Porfirio Díaz se comportó con los capitales extranjeros, logró hacer que en menos de 10 años el contratista inglés Weetman D. Pearson, propietario de la casa Samuel Pearson & Son, Ltd. se hiciera cargo de las principales obras de infraestructura que construyó su régimen y que, además, fuera propietario de las concesiones de petróleo más importantes en México así como de la línea de ferrocarril que más rentas prometía, al facilitar el tráfico interoceánico a través del Istmo mexicano, adelantándose a los capitales norteamericanos que construían el canal de Panamá.

Esta relación del estadista con el empresario caracteriza la nueva forma en que se dio el poder con la industria petrolera, considerada como la Segunda Revolución Industrial.  Un poder que congregó a la industria del ferrocarril, la naviera y marítima junto con la petrolera.  Los grandes capitales que surgieron y se desarrollaron a partir de esta suma de capitales y de actividades económicas definieron las primeras décadas del siglo XX.

En.:1904, un año antes de la conocida visita del Presidente Díaz al Istmo mexicano para constatar los trabajos en puertos, ferrocarril y petróleo, se intensificaron los trabajos de perforación en él área.  Los pozos de La Concepción, San Cristóbal, Filisola y Francita en Minatitlán, así como innumerables chapopoteras naturales e infinidad de criaderos trabajados en Jáltipan, Ixhuatlán y zonas aledañas permitían ver la importancia de la región, no sólo por la cantidad de aceites producidos, sino por su calidad, todavía apreciada en la actualidad.

La visita de Díaz en 1905 se vuelve histórica, por un lado programa la fecha de inauguración de la nueva vía interoceánica para 1907; por el otro, se autoriza la construcción de una refinería en Minatitlán, la que inicia sus obras de construcción en 1906 y es inaugurada en 1908

En 1908 la casa Pearson & Son, Ltd. era propietaria de extensas tierras en varias partes del Istmo mexicano y comenzaba a llevar a cabo perforaciones en Tabasco, en el antiguo pozo de San Femando, así como en San Cristóbal, Minatitlán y Potrerillo, Cosoleacaque, ambas en la ribera del Coatzacoalcos. En 1908 la zona de trabajo de Pearson abarcaba también el norte de Veracruz, Tabasco, Campeche, Chiapas, Ciudad Valles en San Luis Potosí y Tamaulipas[20].  Crea entonces una nueva compañía, la Compañía de Petróleo El Águila, que luego agrega el “Mexicana” a su razón social.  El propio gobierno mexicano, representado por Porfirio Díaz, es socio al 50% de dicha empresa.

La magnitud de los yacimientos que explotaba el capitalista inglés hizo que la Enciclopedia de México lo considere como el extranjero que más ha saqueado la riqueza nacional después de Hernán Cortés.

Paralelamente, en el Club Liberal Valentín Gómez Farías de Puerto México se daba forma a la inconformidad de los terratenientes y los indios del sur de Veracruz, cristalizando en el intento de tomar Acayucan en 1906 y el levantamiento armado que surgió desde esa fecha en la sierra de Santa Marta.  Nace la Revolución Mexicana.

 

 

[1] Caria de Matías Romero al C. Secretario de Relaciones Exteriores, Sebastián Lerdo de Tejado, en

Chihuahua, abril 5 de 1865.  Tomada de Celis Salgado, Lourdes.  La Industria Petrolera en México, p. 37.

[2] Vid.  Celis Salgado, op. cit. pp. 39-4 0.

[3] Ibid.

[4] Ibídem, pp. 40–42.

[5] Vid.  Ibídem. pp. 43–45.

[6] Cfr.  Ibídem. p. 48.

[7] Escritura número 21, septiembre 7 de 1886, Minatitlán, Veracruz.

[8] Ibíd..

[9] Ibídem.

[10] Ibídem.

[11] Ibídem.

[12] La Vara Castellana, medida muy usual en la época de los documentos en que nos basamos, equivale a 0.835 m.

[13] Vid.  Meyer, op. cit. p.28.

[14] Vid supra pp. 7-8.

[15] Loc. cit.

[16] Cfr. Ibídem.

[17] AGN, SCOP, vol. 2/757, exp. 1, fs.132–133.

[18] “La Ruta de Tehuantepec” en El Mundo Ilustrado, marzo de 1905.

[19] Vid.  Contrato de Exploración y Explotación de los Criaderos de Petróleo o Carburos Gaseosos de Hidrógeno Expedido a la Compañía S. Pearson & Son Limited, en Diario Oficial, 12 de mayo de 1906.

[20] Vid.  Celis Salgado, op. cit. pp. 54-57.

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