Petróleo, poder y desarrollo (II)

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Esta es la primera parte del libro que se irá publicando por entregas durante el mes de marzo,

Cordialmente,

Javier Pulido Biosca

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La búsqueda del “oro negro” se convirtió en argumento para el despojo y la invasión de tierras, avalados por el gobierno de México cuando Porfirio Díaz

A lo largo de la historia el sur de Veracruz ha sido centro de atención de diversos agentes de poder. Desde el imperio de Moctezuma, que ansiaba tener dominio en esta zona y que tuvo que reconocer ante Hernán Cortés que carecía de poder en la cuenca del Coatzacoalcos cuando dio un mapa de posibles sitios para construir un puerto (Cortés, Hernán. Cartas de Relación… II).

Sucesivas acciones de la Corona española se dirigieron al istmo mexicano para lograr control político, acciones entre las que destaca el envío de cañones colados en La Habana con rumbo a Manila y que pasaron por estas tierras dado que era la ruta segura más corta para esa finalidad.

Durante los inicios del México independiente se forja una intención de colonización para tener poder sobre las riquezas de la región. También, en el pacto McLane–Ocampo se evidencia el interés de los EU por tener poder sobre esta región estratégica.

En este libro se verá la manera en que los intereses económicos buscan tener poder sobre la riqueza petrolera del sur de Veracruz y las diversas estrategias seguidas por esas empresas para lograrlo. Tiene aspectos triunfales para México, a principios del siglo XX e infaustos para el siglo XXI.

 

  1. Naturaleza del Poder

Resulta importante encontrar una definición de poder que nos permita explicar el proceso histórico que se da en la industria petrolera del sur de Veracruz a fin de entender procesos tan complejos como la colonización industrial que ejercieron los ingleses en una primera etapa, la preeminencia del sindicalismo, en una segunda, y el paso del poder a otros grupos, cobijados principalmente en la producción ganadera.

Una siguiente etapa del proceso se dedicará a explicar la manera como las compañías extranjeras recuperan gradualmente el control de la industria petrolera mexicana.

 

  • 1. ¿Qué Significa Poder?

 

El concepto de Poder, como la mayor parte de los conceptos, tiene múltiples definiciones originadas, de una u otra manera, en el Pensamiento Clásico de la Grecia Antigua, donde tuvo ya una multiplicidad de significados, ligados en un principio tanto a la fuerza física como a la moralidad que culminan conjuntamente en la creación de leyes.

Destaca la definición que proporciona Calicles en el Gorgias, diálogo en que Platón toca el tema de la verdad en los discursos.

 

“… Llanamente afirmo que aquel que verdaderamente vive debe satisfacer sus deseos y hacer lo que le plazca sin detenerse; pero cuando estos deseos crecen ha de tener valor e inteligencia para satisfacerlos en todas sus demandas.  Esto afirmo que es la justicia y la nobleza natural.  Esto la mayoría no puede hacerlo e injuria al hombre fuerte porque ellos mismos [los débiles] se avergüenzan de su debilidad…”[1].

 

Esta definición se puede reducir a la frase “Poder es satisfacer los propios instintos”.  Poderoso es entonces aquel a quien nada lo detiene para alcanzar su propio placer.  Desde este punto de vista el bien ético–político es el poder.  Pero en ese mismo contexto platónico se alternan otras dos definiciones, una es la que identifica el poder con la decisión de la mayoría: si es cierto que el más fuerte es quien impone las leyes, ¿quién será más fuerte, el hombre fuerte sólo o los muchos débiles juntos?; otra la que interroga si será más fuerte quien sabe hacer las cosas.  En otras palabras ¿es el saber una forma del poder?

La discusión de estas dos definiciones adicionales nos lleva primero a la concepción del poder como democracia, que es el poder de los muchos débiles, pasando después a la definición del poder como atributo del hombre sabio, definible como “buen tirano”, un concepto que nos permite saltar varios siglos, ya que lleva directamente al concepto dieciochesco del “déspota ilustrado”.  Aunque Platón trae en la mano otra problemática que apunta a justificar lo deseable que resulta que el gobierno lo ejerzan los sabios, cuestión que no tiene caso desarrollar en este escrito, al menos de momento. Sólo cabe decir que “Sabio” significa en el contexto de la Antigüedad Clásica algo muy diferente que atesorar conocimientos eruditos. Sabio denota una sabiduría de vida, en ese sentido Solón, Tales o Salomón eran tenidos por sabios porque poseían una suerte de sabiduría moral o sabiduría de vida. En este sentido es que el saber es poder, porque es un poder sobre la propia vida y sobre la manera de interpretarla.

Todo esto nos lleva a observar que el asunto del poder es multifacético.  Por un lado el Poder está ligado a la capacidad de ser, como un Poder Ser, realizar la propia naturaleza, llevar a cabo la construcción de sí mismo.  Este es un sentido netamente moral, ya que en la filosofía clásica helénica la actualización de las propias potencialidades es definida como buena y el apartarse de la propia naturaleza es considerado malo.  El poder de alimentarse, de realizar esfuerzos físicos, de interesarse por la comunidad, de conservar la vida son parte de este Poder Ser lo que la propia naturaleza determina.  La naturaleza de cada individuo es diferente, por lo que cada uno tiene posibilidades de ser cosas diferentes.

Un segundo sentido del poder es la facultad de hacer, lo que un individuo puede realizar, ya sea sobre sí mismo o sobre los otros.  Puede enseñar, guiar, dar ejemplos nobles, o puede hacer lo contrario.  También, por lo menos en el mundo de la Antigüedad, este poder para hacer tiene también contenidos morales.  La educación es el Poder Hacer más notable, ya que repite hacia las nuevas generaciones los valores de las anteriores.  También es Poder Hacer el del hombre pragmático, pero sólo se circunscribe al mero hacer y no al ser.

Un tercer sentido del poder está ligado al Poder Tener.  A la apropiación del mundo.  Este apoderamiento del mundo viene dado originalmente a partir de la transformación de la naturaleza que define al ser humano.  Al hacer el mundo se hace también a sí mismo, definiéndose así el carácter histórico del quehacer humano.  Esta parte del mundo me pertenece en la medida en que me veo en ella, así el hombre que siembra se apodera de lo sembrado y la tierra que trabaja le pertenece por esta ley natural.  Pero otro es el caso cuando un hombre somete a su semejante para que trabaje en su beneficio, porque aquí se rompe la legitimidad de la propiedad del mundo.  Se convierte en una contradicción: quien trabaja la tierra se vuelve esclavo de quien no la trabaja, al que se le considera “propietario”.

Desde este punto de vista la propiedad es un robo, como logran decirlo algunos pensadores anarquistas del siglo XIX en México.  En este sentido del poder se entiende la propiedad sobre la tierra como la condición del poder, que sirve para someter al hombre a manos del mismo hombre, poder para transformar la naturaleza, poder para generar y acumular riqueza.  Este tercer sentido es el del Poder Tener.

El sentido fue torcido muy pronto con el concepto de “propiedad privada”.  De la propiedad legítima, que deriva del trabajo, se pasó a la propiedad ontológica y fenomenológicamente ilícita, que es privada y sirve como condición para esclavizar, para apropiarse del trabajo ajeno.  La definición de trabajo como objetivación del poder de hacer se convirtió en la esclavitud de trabajar para el enriquecimiento de otro y no para la objetivación del propio ser.  Se pasa del poder como facultad de Ser al poder como mero Tener, ilícito ontológica y moralmente cuando se trata del apoderamiento de lo que otro produce.

 

Tenemos entonces tres sentidos primarios del Poder:

  • El Poder Ser, definido como las posibilidades naturales de cada ser.
  • El Poder Hacer, definido como las posibilidades de creación, el trabajo.
  • El Poder Tener, definido como la apropiación del mundo a través del trabajo.

 

Los tres sentidos tienen significaciones ontológicas y morales que se tuercen, o se transmutan y cambian su significado al paso del tiempo y en la medida en que cambian tanto las relaciones sociales como la relación del hombre consigo mismo.  Es decir, estamos hablando de cambios sociales y antropológicos.  Los conceptos de poder están en relación con el tipo de sociedad en que aparecen, a la que sirven y el tipo de hombre que manifiestan y le permiten interpretarse.

Son, más que otra cosa, cambios ontológicos, alteraciones en el propio ser del poder, y en el poder del ser… La dinámica de esta relación es conveniente verla desde la mirada técnica de la ontología.

 

Por otro lado, algunos psicólogos sociales y sociólogos conciben el poder, de manera estática, como el grado de control que una persona o un grupo tiene sobre otras personas o grupos.  El poder es visto así en cuanto a relaciones.  El poder máximo es la capacidad para ejercer control total sobre otros mientras que se permanece inmune a los intentos de los menos poderosos de actuar del mismo modo.  Este poder se manifiesta de alguna de varias maneras:

 

Formal, es el que la autoridad trae consigo, poder legal, pero las manipulaciones subrepticias pueden frecuentemente volverle impotente.

Fuerza Física y Coerción, que son los vehículos obvios para ejercer control, pero más sutiles y gentiles formas de persuasión, basadas en el engaño y la frustración son más comunes y más eficaces en su uso.  Son también formas de la misma tendencia a ejercer el poder como Fuerza y Coerción.

 

Se reconoce que un importante aspecto del poder social es el grado en que una persona puede constreñir para que otra actúe en contra de su voluntad.  En este sentido, es común que un medio de restarle poder a otro sea simplemente socavar su blindaje emocional.  Esta manifestación es muy frecuentemente observada en las relaciones matrimoniales, y en el funcionamiento de pequeños grupos sociales, en los que las maneras de realizarse la coerción es a través de la culpa y el resentimiento.  Incluso en las modernas sociedades tecnificadas la culpa y el resentimiento ejercen un importante papel en el control coercitivo de los individuos.

 

A su vez, los inclinados al conductismo tienen una más bien simple, pero no poco elegante manera de expresar los componentes del poder social:

 

“El Poder es el grado en que una persona puede administrar premios o castigos a otros sin ser afectado por los intentos de los otros para dispensar éstos”[2].

 

Bertrand Russell subrayó que las ciencias sociales tienen que continuar en su deseo de emular a las ciencias naturales y, como la física lo ha conseguido, hacer de la fuerza el concepto fundamental.  Debido a que hay algunas áreas de la sicología con más obvia relevancia en el “Mundo Real” hay muchos sicólogos que consideran que Russell está en lo correcto[3].  Sin embargo, la definición del poder como administración de premios o castigos no es suficiente para comprender la manera en que las personas introducen dentro de sus vivencias internas la facultad de auto premiarse o de auto castigarse.

 

La concepción de poder como el grado de control de una persona o grupo sobre otra persona o grupo va más allá del mero premio o castigo conductista y tiene su fundamento en las relaciones de propiedad y en los símbolos presentes en un grupo social o en una sociedad.  Relación de propiedad que es legitimada formalmente a través de las leyes, pero que puede carecer de legitimación desde puntos de vista que cuestionen la legitimidad de las leyes en un momento dado.  El debate teórico es muy conocido: las leyes responden a los intereses de la clase dominante (léase que tiene el poder en un momento dado), que las produce para legitimarse.  Esta naturaleza socio–política del poder nos va a permitir explicar ciertos procesos más adelante.

 

Para Foucault el poder está indisolublemente ligado al saber, de tal manera que afirma que un campo de saber es siempre un campo de poder, y viceversa, un campo de poder es siempre un campo de saber:

 

“Debemos admitir que poder y conocimiento más bien se implican el uno al otro, es decir, que no hay relación de poder sin la constitución correlativa de un campo de conocimiento, ni hay ningún conocimiento que no presuponga y constituya al mismo tiempo relaciones de poder.  Estas relaciones Poder–Saber deben, por tanto, ser analizadas no como la base de un sujeto de conocimiento, quien puede ser o no libre con relación al sistema de poder, sino por el contrarío, el sujeto que conoce, el objeto a conocer y las modalidades del conocimiento deben ser consideradas, junto con los varios efectos de estas fundamentales implicaciones Poder–Conocimiento y sus transformaciones históricas”[4].

 

En esto tenemos que agregar que el cuerpo mismo se encuentra inserto en las relaciones de poder, es el cuerpo el que padece los castigos del poder, ejemplificados en la prisión, el trabajo físico, el hambre, la enfermedad, etc.  El Estado, a través del sistema penitenciario evidencia este aspecto del poder que somete los cuerpos al castigo de la reclusión física, la tortura y los trabajos forzados como manera de ejercer su dominio sobre los ciudadanos.  Para Foucault el sometimiento del cuerpo sigue una dialéctica que la define el sistema económico–político: “El cuerpo está también directamente comprometido en el campo del poder político, las relaciones tienen una acogida inmediata en éste, lo comprometen, lo marcan, lo entrenan, lo torturan, le dan logros a alcanzar, le hacen ejecutar ceremonias, emitir signos.  El cuerpo se torna una fuerza útil sólo si es ambas cosas, un cuerpo productivo y un cuerpo sujeto”[5].

Pero así como sucede con el cuerpo, con el lenguaje también se tiene el compromiso con diversos campos de poder.  En la medida en que el lenguaje es el que articula la percepción de sí mismo con la manera como se conoce de sí, esa articulación está inmersa en un campo de poder, al que compromete y transforma.  Así se cumple la concepción prefilosófica de la palabra, concebida como una manera de poseer la mismidad de las cosas, su Espíritu.  Al mismo tiempo llegamos a la definición de un grupo de poder y la red en que se relaciona con otros a través del lenguaje.  Así, el lenguaje objetiva la manera en que un individuo se percibe a sí mismo como poseedor de un conocimiento que le da poder y desde el que se entiende.  En otras palabras, desde el lenguaje el individuo se percibe e interpreta a sí mismo como poseedor de un poder que, a su vez lo posee y es su marco de existencia.

Estas nociones de Poder nos permiten acercamos al problema de la relación entre el poder y los cambios Históricos.  Nos permiten llegar a una ontología del poder y su dinámica.

En este trabajo se mostrarán algunas de las maneras en que se manifiesta el poder en el sur de Veracruz. Destacamos el paso del poder que descansa en la mera tenencia de la tierra a las formas de poder que vienen con el capitalismo avanzado que desarrolla medios de comunicación y la industria petrolera. De los cambios y ajustes que de ello deriva se originan grandes movimientos sociales, como lo fue la Revolución en el sur de Veracruz.

Nuestra óptica se moverá constantemente de la descripción de eventos a la explicación de éstos siguiendo el hilo conductor del desarrollo de las formas de poder en el sur de Veracruz.

 

[1] Platón Gorgias 492 a-b.

[2] Russell, Bertrand. Escritos Básicos.

[3] Vid.  Reber, Arthur. Dictionary of psychology, pp. 562-563.

[4] Foucault, Michel.  Surveiller et Punir- Naissance de la Prison (1 975).  Translation: Alan Sheridan as Discipline and Punish: The Birth of the Prison (New York: Pantheon, 1977).  Pp. 27-28. También hay traducción castellana, Vigilar y Castigar, Siglo XXI editires.  La traducción de la cita es responsabilidad del autor del presente texto.

[5] Ibíd.  pp. 25–26.

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