Sin prestaciones el magisterio privado

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Las escuelas particulares se enriquecen depauperando a sus académicos

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Las escuelas poco han cambiado, pero las privadas pagan mal a sus maestros

Javier Pulido Biosca

Revista Raíces

Cuando una famoso médico, capaz de salvar la vida a infinidad de personas como cardiólogo, fue interrogado sobre ¿cómo descubrió esas técnicas tan novedosas? Su respuesta, además de acertada fue humilde: “todo se lo debo a mis maestros”.

Por supuesto, esto no sucedió en México, sino en algún avanzado país de la Europa. En ese país se valora el trabajo del maestro, se le respeta y se le paga lo justo y no se escatima en este gasto.

En México, las escuelas particulares han aprendido todo lo contrario, además de mutilar la creatividad de los académicos con un pesado e inútil burocratismo, les pagan salarios de hambre, les niegan el pago de vacaciones y periodos de fin de cursos, les suprimen el aguinaldo y les humillan con trabajos no pagados.

Esto ha provocado que los profesionistas más capaces se nieguen a trabajar en las escuelas particulares, donde les contratan por servicios profesionales mal pagados que no corresponden con las elevadas colegiaturas que cobran

Cuando se trata de las vacaciones entre uno y otro año lectivo, tiempo que los maestros podrían usar para investigar, para conocer algunas regiones de su país y para producir obra e, incluso, preparar el siguiente curso, las escuelas cobran los alumnos el periodo vacacional pero no pagan un centavo a los maestros, lo que los deja sin ingresos para su subsistencia y les impiden usar su tiempo para investigar y preparar el siguiente año, pues tienen que preocuparse por conseguir para comer.

Tampoco hay en este sufrido gremio un sindicato que defienda sus derechos laborales, por lo que tienen que aceptar los maestros de escuelas particulares la vejación de ni siquiera recibir el aguinaldo que la ley le reserva a todos los trabajadores.

Así, las escuelas particulares, con salarios de hambre y sin prestaciones, garantizan que sus académicos sean cada vez los de menor calidad, los de reducida experiencia y, muchas veces, los que menor conocimiento tienen.

Pero las escuelas cobran sus servicios como si realmente estuvieran ofreciendo la calidad que no pagan y sí cobran a los alumnos –o a los padres de familia–. Un grupo de veinte alumnos de alguna secundaria o preparatoria particular, cobrando por los menos 2 mil pesos mensuales, genera para la escuela más de 40 mil pesos al mes, pero paga a cada uno de sus maestros menos de 2 mil pesos mensuales, con lo que totaliza alrededor de 12 mil pesos, pero gana más de 28 mil pesos mensuales por grupo, además de los 40 mil pesos mensuales los dos meses de vacación que sí cobra los alumnos y no paga a los maestros.

Además están otros negocios periféricos que no tienen que ver con los maestros: uniformes, útiles escolares, la tienda escolar que generalmente vende refrescos y comida chatarra, el transporte escolar y las cooperaciones para festivales.

Sin embargo, son pocas las escuelas particulares que tienen biblioteca. Algunas ni siquiera opera sus centro de cómputo y las instalaciones son cuidadas como único argumento para elevar las colegiaturas cada año.

Así, además de todas las fallas del sistema educativo nacional, se suman las grandes deficiencias de la educación privada que está creando generaciones con carencias notorias, garantizadas por la mala paga a los maestros.

 

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