Rechazan minería y eólicos

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Conforman defensa regional siete municipios de la zona oriente

Eso del desarrollo es una mentira: comuneros de Chahuites

Nosotros generamos más empleos que los que nos podría dar la mina: agricultores

Marcharán el 20 de noviembre para decir al gobierno “No a la minería”

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Mapa de los lotes mineros dados por el gobierno sin consentimiento de los indígenas

Tapanatepec, Oax.

Abigail Ayala

Educa

Más de 500 istmeños de la zona oriente, pertenecientes a los municipios de Chahuites, Tapanatepec, Ixhuatán, Reforma, Niltepec, San Francisco del Mar y Zanatepec se pronunciaron en contra de la mina a cielo abierto que empresas canadienses pretenden instalar en 19 mil hectáreas de bosque en los Chimalapas.

Tanto los presidentes municipales electos de Niltepec, Ixhuatán, y Chahuites, como representantes de bienes comunales y ejidales, agricultores, pescadores, ganaderos, maestros, estudiantes, organizaciones sociales y ecologistas, radios comunitarias y ciudadanos en general acordaron por unanimidad conformar un movimiento regional para impedir el proyecto de minería tóxica y manifestar su rechazo el próximo el 20 de noviembre.

De instalarse, la mina devastaría la vegetación de los cerros que recargan los principales ríos de la región -Ostuta, Novillero y Zanatepec-, contaminaría con tóxicos sus aguas y las lagunas y esteros donde se desarrolla toda la actividad pesquera, afectando además la agricultura, la ganadería, la biodiversidad, la recreación y la vida completa de todos nuestros pueblos, explicó Roberto Gamboa, representante de bienes comunales de Zanatepec.

 

“El gobierno vendió los permisos sin preguntarnos y violando todos nuestros derechos, pero les recordamos que las tierras son de nosotros, no de ellos”, dijo Gamboa, también integrante del grupo ecologista que hace unas semanas, junto con ejidatarios y pobladores, rechazó negociar con consultores enviados por la empresa a ofrecer empleos y proyectos productivos.

Representantes del sector agrícola dijeron que la oferta de empleos de las minas a cielo abierto -que no rebasa los mil 500- no se compara con el trabajo de más de 80 mil personas que viven del campo en estos municipios, gracias al cultivo de mango, melón, sorgo, ajonjolí, maíz y sandía; la ganadería o la pesca, de la que dependen más de 20 mil familias de la región.

Pusieron como ejemplo este sector, integrado por más de 3 mil productores que cultivan 23 mil 700 hectáreas y producen 322 mil toneladas al año, de las que exportan 36 mil. “Tan sólo el mango genera más de 40 mil empleos permanentes, pero juntos, entre todos, tenemos más empleos de los que nos pudieran dar las empresas y para toda la vida, no nomás para unos años”, aseguró Roberto Nivón, representante regional.

“Tenemos la fortuna de vivir en una zona privilegiada, si seguimos cuidando nuestros ríos, nuestros mares y nuestras tierras todo el tiempo tendremos comida, producción, trabajo, salud, que es algo preciado. No nos quedemos con sus cuentos, ellos se llevan el oro y nos dejan a nosotros la desgracia”, advirtió.

Coincidieron comuneros de Chahuites: “eso del desarrollo es una mentira”, contaron en la reunión que los consultores de la mina ya están llegando a su municipio: “Hablan de darnos carreteras, de escuelas y hospitales, hasta propusieron que sembremos sandiales y huertos junto a la mina, creen que nos pueden engañar porque somos campesinos, pero sabemos que lo que quieren es sacar la firma de los gremios ejidales, la autorización de los ayuntamientos, del pueblo”.

Luego de conocer al detalle el proceso de la extracción de oro, cobre y otros minerales en las minas a tajo abierto, la cantidad de agua que requieren, los químicos tóxicos que utilizan, las afectaciones a la salud, y la devastación y contaminación que producen en suelo, aire, ríos, lagunas y aguas subterráneas, los asistentes propusieron vías de acción colectiva para la defensa regional del territorio.

 

 

Ni minas ni eólicas

A la minería, sumaron el rechazo a los proyectos eólicos que buscan instalarse en la región costera de la zona oriente del istmo de Tehuantepec, habitada principalmente por pueblos indígenas Ikoots y Binniza.

“No sólo son las minas, no olvidemos que han llegado a los ejidos, desde Arriaga hasta Salina Cruz, funcionarios de empresas eólicas y diputados que quieren convencer; ya hay empresas tratando de instalar sus parques en nuestras tierras, pero también hay un movimiento regional de compañeros en resistencia”, advirtió Manuel Antonio Ruiz, director de la Preparatoria Comunitaria “José Martí” de Ixhuatán.

Comuneros de la región relataron las afectaciones que ya ha provocado la instalación de las eólicas en Juchitán que, como las mineras, ofrecieron empleos, proyectos e incluso bajar las tarifas de luz, promesas que no cumplieron.

Al finalizar, acordaron conformar comités gremiales para informar a todos los sectores de los siete municipios sobre el tema. Alejandro, estudiante de la Preparatoria Comunitaria de Ixhuatan, pidió a nombre de los jóvenes una participación activa en este movimiento, pues “a nosotros nos toca desde ahora luchar contra las empresas y sus proyectos y queremos que nos tomen en cuenta”.

 

30 mil hectáreas concesionadas

En la región del istmo existen cinco concesiones mineras que cubren en total 30 mil hectáreas, en San Miguel Chimalapas, Zanatepec, Chahuites y San Pedro Tapanatepec, concesiones otorgadas entre 2005 y 2013 a tres empresas mineras canadienses, una de las más importantes es Minaurum Gold Inc.

Estas concesiones tienen una vigencia de 50 años y abarcan extensas zonas del territorio oaxaqueño donde corre y carga uno de los ríos más importantes de la región, el Ostuta, y donde nacen otros de igual importancia, el Zanatepec y el Novillero, que descargan sus aguas en las lagunas y esteros donde se desarrollan toda la actividad pesquera de la zona oriente del Istmo de Tehuantepec.

Algunos pueblos han tenido que manifestarse, incluso, haciendo uso de la violencia ante la inoperancia de las instituciones, la sordera y ceguera de los gobernantes al reclamo de los indígenas y poblaciones que se ven afectados.

Tanto a nivel nacional como regional los pueblos originarios se encuentran en estado de alerta frente a la llegada del supuesto desarrollo, pues se han dado cuenta de que este extractivismo genera enfermedades, mayor pobreza y muerte para los pueblos.

Este tipo de organizaciones, frentes, coordinaciones, articulaciones que ya existen en el istmo de Tehuantepec y nuevas formas de acceder a un “desarrollo” propio generado internamente por las propias comunidades es ya una esperanza para dar vida a las nuevas generaciones.

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