Marchas y reformas

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El pasado 18 de marzo pudimos ver, una vez más, el espectáculo de los dos Méxicos que coinciden en sus aberraciones.

78 aniversario

78 aniversario

Javier Pulido Biosca

Revista Raíces

Por un lado, la parte oficial celebrando la expropiación del petróleo, “hoy, como hace 78 años, se equivocan quienes dudan del futuro de Petróleos Mexicanos”, dijo José Antonio González Anaya, oriundo de Coatzacoalcos y actual Director General de Pemex.

El buen humor del porteño hace olvidar el pesimismo con lo que está sucediendo: efectivamente el petróleo es de México desde la constitución de 1917, pero nada se pudo hacer para frenar a las compañías que gozaban de los beneficios obtenidos en contratos a partir de 1901. La coyuntura de la Segunda Guerra Mundial le permitió al presidente Cárdenas, basado en el marco legal de su época, lograr que la Suprema Corte dictaminara que las compañías violaban la ley y el Ejecutivo podía dar marcha a un decreto expropiatorio.

 

Hoy las cosas son distintas, aunque la nación es propietaria de los bienes del subsuelo, el gobierno tiene contratos firmados con diversas empresas que concesionan la extracción y procesamiento del petróleo; Pemex es una de ellas. Sólo que Pemex pasa por una severa crisis financiera derivada del endeudamiento y el fuerte sangrado de recursos que le aplica su propietario, el gobierno de México.

Estos contratos no se pueden disolver por decreto sino por el dictamen de la Suprema Corte que establezca la falta de cumplimiento en los términos de esos contratos.

Y la tremenda sangría a Pemex tampoco puede dejarse de hacer si los sucesivos gobiernos del país carecen de modo para obtener recursos de otras fuentes. No se les ha ocurrido que a la Banca le podrían gravar parte de su lucrativo negocio. Tampoco han pensado en las demás industrias extractivas –la minería en manos de empresas extranjeras, por ejemplo. Esto no se ha ocurrido porque se requiere un táctica inteligente y firme –como la de Lázaro Cárdenas con el petróleo.

 

Y aquí es donde coinciden los que exigen –tardíamente– dar marcha atrás a las reformas aprobadas en 2013 y 2014. Se les olvida que en 2013 el hijo del Tata Lázaro defendía un PRD aliado de quienes pactaron las reformas. Se les olvida que en ese año se les pidió a los petroleros que salieran a las calles a expresar su repudio a las reformas, pero no salieron, creyeron en los dirigentes sindicales que –como siempre– los vendieron al mejor postor.

En ese entonces se estaba creando el entramado legal para permitir a las compañías apoderarse del petróleo que desde 1917 es de la nación. Hoy, el entramado legal está hecho, los contratos están firmados.

 

Hoy lo que vale, lo que debe ocupar la atención de los ciudadanos exigentes, y lo que callan por desconocimiento, es la transparencia en el uso de los recursos. ¿A dónde van los miles de millones que se cobran a Pemex, que pagamos como impuestos a la gasolina, a la electricidad?

No se ha detallado. Y los ejemplos sobran en todas las escalas. Si no hay dinero ¿cómo es que se gasta a manos llenas en ferias y carnavales? Si se saca el dinero que podría invertir Pemex, ¿en qué se usa?

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