Nepotismo también en la cultura

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La Candelaria en Coatzacoalcos, celebración sin arraigo popular

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El nepotismo municipal de Coatzacoalcos. El regidor y su madre. La presidenta del DIF y su madre acompañada de la madre del alcalde y su hermana, todas con cargos en la administración pública

Javier Pulido Biosca

Revista Raíces

A diferencia de lugares como Tlacotalpan o Minatitlán, en Coatzacoalcos la celebración de la Candelaria carece por completo de arraigo en la cultura popular. Pero el nepotismo municipal, y el despilfarro inútil de los recursos públicos se pone en evidencia una vez más.

En lugar de apoyar para que los grupos de jaraneros que hay en Coatzacoalcos se presenten y desarrollen una fiesta, tuvieron que traer desde Cosoleacaque a un grupo cuya presentación lució acartonada frente a un público de políticos y siervos.

Hay grupos de jaraneros y bailadoras en Coatzacoalcos, pero cuando han solicitado espacios públicos para efectuar sus presentaciones se les han negado, mostrado el verdadero rostro de la cultura oficial municipal.

Los personajes involucrados en esto son parte del mismo orden del nepotismo municipal, que huele a caduco y es completamente distante de los intereses populares. Un despilfarro de recursos en cerca de 100 cohetes que acompañaron la marcha de la virgen de la Candelaria y sus madrinas dejan ver los mismos rostros de todas las actividades del oropel aparentemente cultural de Coatzacoalcos.

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Un pequeño grupo nepotista quiere imponer a los políticos de Nanchital. Al lado de un desconocido está Ramón Hernández Toledo, dirigente sindical. Le sigue su hijo, Felipe Hernández Pulido, después Alfredo Yuen, ex alcalde de ese enclave y por último Gregorio León Celaya. La oradora: Ángela Pulido de Hernández, esposa de Hernández Toledo.

El regidor del ramo, Felipe Hernández Pulido, apoyando con recursos públicos a una fundación privada que por alguna imaginaria razón se llama “100 años de Coatzacoalcos” y que encabeza la propia madre del regidor, Ángela Pulido. Por allá el casi centenario padre del regidor, el dirigente sindical Ramón Hernández Toledo, quien lucra con los dineros de los trabajadores petroleros, ya en extinción hoy en día.

Por otro lado, la esposa del alcalde, tan representante de la cultura como el porro que le acompaña, se le ve cerca de su propia madre Lupita Arrieta de Cházaro quien inicia sus anodinas labores como madrina del Niño Jesús en una festividad que responde a los designios de nadie representativo para el pueblo.

La señora Arrieta sucede a la madrina saliente, Ana Luisa Caballero Rosiñol, hermana de quien dispone de los recursos públicos para estas acciones inútiles para un pueblo que demanda transparencia. La invitada “especial”: Ana Estela Rosiñol viuda de Caballero completa el cuadro en que sólo se ve a la minoría que aprovecha los recursos públicos.

Nadie del pueblo, ni los fieles de las iglesias, o los pescadores y ganaderos cuya presencia en estos eventos es evocadora porque la fiesta es de origen popular en Tlacotalpan o Minatitlán.

Afortunadamente, la insoportable comitiva de regidores que acompaña al alcalde hasta para lo más baladí, se abstuvo de estar en este evento, lo que hubiera sido algo más que jocoso.

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