¿Es el tiempo algo circular?

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El místico que afirma que lo humano debe ser superado, al igual que la persona incapaz de encontrar la pareja anhelada viven formas circulares en su conciencia del tiempo

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El tiempo y el eterno retorno

Javier Pulido Biosca

Revista Raíces

¿A dónde va el tiempo? ¿Son los hechos únicos e irrepetibles o una cadena infinita nos tiene atados a que se repitan incesantemente? ¿Es este concatenamiento algo que se repite en la realidad o sólo en nuestras mentes?

Son preguntas que han sido hechas a lo largo de la historia. ¿Es el tiempo algo lineal, que corre en forma recta desde un origen desconocido hacia un fin también ignoto o su forma es cíclica de alguna manera?

Muchas veces las respuestas están relacionadas con la concepción general que se tenga del universo y de la vida humana.

La naturaleza del tiempo puede ser vista desde muy diversos ángulos. Brevemente nos referiremos a la postulación que dice que el tiempo podría ser circular.

Algunas versiones

Una de las versiones más antiguas la registra Platón en el Timeo, donde el filósofo asienta que cada sistema en el universo sigue círculos que imitan la perfección total del universo, que es circular [39d–40a]. Esta circularidad del universo es acorde con la perfección que se le atribuye en este texto platónico sobre la creación y naturaleza del universo.

Vano sería el intento de decir cómo las figuras [de las deidades] giran como en la danza y se yuxtaponen, y el retorno de ellas en sus revoluciones y aproximaciones hace que ora se encuentren o se coloquen en oposición o en cualquier orden que hayan de tener. [Timeo, 40c–d]

Esta presentación de la circularidad del universo en un texto del siglo IV a.C. permite observar el sentido místico de este eterno retorno, pero si observamos con detenimiento veremos que nada dice de la vida humana y de la conciencia, sino que se reduce a las deidades y su eterna repetición.

Es hasta fines del siglo XIX que otro pensador, Nietzsche, formula la misma concepción del tiempo circular a partir de los datos inmediatos de la conciencia y agrega uno de los elementos más útiles para entender esta situación: la necesidad de que las vivencias humanas sean superadas a pesar de la circularidad y repetición infinita del tiempo y sus contenidos.

El hombre es algo que debe ser superado… Vengo anunciando al Superhombre [Nietzsche, Zaratustra, Parte I passim]

Ambas concepciones juntas permiten entender cuál es el planteo de este pensador alemán sobre el que se han vertido innumerables análisis: el tiempo es circular, este momento se repite infinitamente, pero mi estado de conciencia, mi fuerza interior, permite la superación de esta fatalidad. La imperfección humana puede superar los errores de cada círculo reiterado hasta alcanzar la perfección: el Superhombre.

Como contraparte, Nietzsche acuña el concepto contrario: el Hombre Moderno, al que llama también el Último Hombre. El tiempo se repite, pero hay dos maneras de encararlo, la del Superhombre, quien destruye para crear y tiene la mirada puesta en el futuro y la del Hombre Moderno, cuya mirada está puesta en el pasado y repite incesantemente los mismos estados de conciencia en cada círculo del tiempo. Es conservador, decadente y su vitalidad se anula en los atavismos culturales.

Una mirada sicológica

Otro es el caso de la circularidad de la conciencia que se origina en las experiencias dolorosas que no han sido superadas-

Por muchas razones, los seres humanos somos tomados por sorpresa en nuestras vidas mentales. Una vivencia que lastima, ya sea la pérdida de un ser querido, una aspiración frustrada, un insulto injustificado o una situación familiar, forman maneras en que las personas respondemos ante las necesidades vitales.

Estas formas representan un cierto tipo de circularidad en que la vida nos presenta situaciones análogas pidiendo que demos respuesta. Si damos respuestas análogas los resultados serán análogos.

Son muy frecuentes las quejas, tanto de hombres como de mujeres, que se ven imposibilitados para consolidar una pareja estable según los patrones socialmente establecidos y que se interiorizan aún cuando las personas los rechacen desde su razonamiento.

Y esta carencia no es por algún defecto de las personas, sino porque viven haciendo responsables a otros de las cosas que les pasan. Es más fácil decir que ella, o él, se comportó de tal o cual manera y me abandonó que hacerse la pregunta “¿qué hago para que abandonen así?”

Responsabilizar al otro de lo que me sucede es quedar encadenado a un círculo en que retornan las mismas situaciones. Pero ser víctima, lejos de apuntar al otro, apunta a la pregunta ¿cómo hago que me traten así?

Si nos hacemos esta pregunta descubriremos que no son los otros los indeseables, sin que nosotros mismos producimos esa reacción.

En este caso, la circularidad del tiempo nos reclama conocernos a nosotros mismos y esto es en ocasiones doloroso.

Finalmente…

Basar la argumentación de la circularidad del tiempo en la posibilidad de que los átomos del universo repitan su posición inicial es sustentar una demostración en una mera probabilidad. Borges tiene toda la razón en considerar que esta repetitividad es una prueba insuficiente de la circularidad del tiempo.

Pero los que afirman la circularidad del tiempo no se basan en estas meras consideraciones probabilísticas, sino en datos inmediatos de la conciencia.

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