Elecciones chatarra

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El empobrecido pueblo de México sigue manteniendo a una clase política parásita

La clase política de México es una auténtica parásita

La clase política de México es una auténtica parásita

Este año, el más doloroso despilfarro de recursos escasos se dirige a elecciones fallidas y fraudulentas en las que la apatía avalará los resultados fraudulentos que se perfilan

Javier Pulido Biosca

Revista Raíces

En México la palabra “democracia” es uno más de los insultos con que son tratados los pobladores. Y esta invectiva viene de una clase política caduca, fallida en todas sus acciones, soberbia, incapaz y profundamente deshonesta.

Para más, esa clase política carece de toda autocrítica debido a que los pobladores han sido educados para aceptarla e idolatrarla.

Pero examinemos con cuidado el tema. Estamos ante un Estado fallido que tiene claramente planeado que las cuestiones de gobierno sean sólo para quienes están alineados a éste.

Este año se desperdiciarán 5 mil millones de pesos en los presupuestos para partidos políticos y el INE, que es el instituto que avalará el fraude electoral, ejercerá 18 mil 572 millones 422 mil 236 pesos, lo que sumado da una cifra de 23 mil millones de pesos más fracciones.

Todo este dinero sale de los bolsillos de los trabajadores, de los pobladores en general que, por la vía de impuestos generan esta riqueza.

Y, cuando vemos la opinión pública, la auténtica, la que consulta lo que opinan los pobladores, invariablemente afirman que a un solo segmento de la población le va bien: a la clase política, que es a la que mantenemos todos con nuestros impuestos y que nada hace, excepto ser parásita de los pobladores.

En suma, los mexicanos, que somos los dueños de ese dinero que despilfarran, que nos lo sacan por la vía de impuestos y que no lo devuelven en obra, ni nos hacen cuentas claras de lo que gastan, ya estamos hartos de esa clase política, pero ese hartazgo lo expresamos por la vía del mero abstencionismo, en vez de organizarnos y acudir a las urnas a expresar nuestra inconformidad y anular el voto.

No es lo mismo abstenerse y regalar el voto al sistema que votar para anular nuestro voto y, si logramos el 20% de nulidades, logra que se anulen las elecciones.

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