Requiere México mejor salario

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Este artículo completo lo encuentra en la versión impresa de la Revista Raíces

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Es el país miembro de la OCDE con la calidad del salario más baja del mundo

Javier Pulido Biosca

Revista Raíces

Los bolsillos del trabajador mexicano están repletos de deudas y los escasos salarios apenas sirven para paliarlas medianamente, con tasas de interés que rebasan el 100%. Esto ha producido una cada vez mayor contracción del mercado interno y el consecuente cierre de miles de negocios. Esta también es la causa de innumerables problemas de seguridad y de atentados contra la propiedad y la vida.

Uno por uno, los pretextos para justificar los bajos salarios en México se observa que son auténticas falacias repetidas en red nacional ante pobladores cuyas mentes adoptan como propios los criterios vertidos, sin analizar las razones que se dan. Veámoslos:

¿Aumentar los salarios sería inflacionario?

El más sonado de los argumentos contra un proceso de dignificación de los salarios es que este incremento sería inflacionario.

Este engaño se basa en hacer creer que si un producto cuesta una cantidad, ésta se incrementará en razón directa del incremento de los salarios, cosa inexacta porque no sólo los salarios influyen en los precios finales, también hay que tomar en cuenta los costos del financiamiento y el costo que representa tener un producto en el almacén, sobre todo si el mercado interno está contraído y los créditos se pagan hasta cobrar el producto vendido.

En la información proporcionada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, INEGI, corresponde a los salarios tan sólo el 27.4% del producto interno bruto, PIB, en tanto que las ganancias o excedentes representan el 68.0% del PIB, cifra que es, aparentemente, muy ventajosa para los empresarios, pero que en realidad les ahoga en deudas al tener dificultades para colocar sus productos en el mercado interno.

Esta distribución factorial de México la podemos comparar con la de la Unión Europea, donde el salario representa el 57% del PIB, o en los EU, vecino que es tomado como ejemplo con frecuencia, el salario representa el 60% del PIB.

Esta condición es tan desproporcionada que México tendría espacio para elevar al doble el factor salarial sin que se generara inflación alguna, ya que lo único que sucedería sería una reducción del excedente o ganancia del capital para ubicarlo en proporciones más equitativas.

De esta manera, aún cuando el crecimiento del PIB fuera tan reducido como lo planea para México el Fondo Monetario Internacional, FMI, se reactivaría significativamente el mercado interno, lo que sería un gran beneficio para trabajadores y empresarios.

¿Inflacionarios?: Los aumentos al combustible y las tasas de interés

Nada se dice de la constante presión inflacionaria que generan los sucesivos incrementos mensuales de los energéticos, para los que es falacia decir que son subsidiados, ya que estos precios se basan en los precios de referencia internacionales en el mercado de Mont Belvieu, Texas, en el que se registró el precio de la gasolina cruda en 9.10, nueve pesos con diez centavos, para agosto de 2014, cuando en México se coloca en más de 13 pesos el litro de combustible.

Tampoco se dice que el elevado costo financiero impuesto a los mexicanos por una banca cuyo capital y políticas vienen de muy distintos países foráneos es realmente inflacionario. La diferencia entre el costo del dinero para la banca, que viene determinado por la tasa de interés interbancario de equilibrio, TIIE, y que el 27 de septiembre representaba el 3.2741 anual en financiamientos a 28 días, y las tasas en que se cobran los intereses hipotecarios rondan el 12%, según cada banco, desde aquí hasta las del 120% anual que cobra el Banco Azteca o las micro financieras, las tasas de interés en México pueden ser catalogadas como agiotismo legalizado, pero la presión que ejercen sobre la inflación es significativa.

el remedio regulador

“La acción redistributiva de los poderes públicos juega un papel muy importante en la conformación de la renta final disponible de las familias cuya distribución, desde distintas perspectivas”, dice el premio Nobel Joseph Stiglitz en su texto El precio de la desigualdad (Tauris, 2012).

El interés por la equidad en la distribución y el papel de las políticas públicas ha resurgido en los últimos tiempos, incluso desde ámbitos de la investigación y de organismos internacionales que habitualmente no contemplaban esta perspectiva en el análisis de los distintos factores que influyen en el crecimiento económico.

La tendencia mundial al aumento de las desigualdades, especialmente en el seno de países tradicionalmente prósperos, está comenzando a percibirse como una amenaza para el propio sostenimiento del sistema económico tal y como lo conocíamos hasta ahora.

Sin caer en sobre regulaciones que puedan ser lesivas al proceso de generación de capital, es necesario que, en casos como el de México haya más regulación.

¿Debe ser siempre el trabajador quien se “ajuste”?

Uno de los principales problemas para el trabajador en México es que los créditos a la vivienda, particularmente los de Infonavit, están indexados con el salario mínimo y por esta razón es que un incremento al salario mínimo sería lesivo para millones de estos créditos.

Pero resulta un absurdo este modo de indexación, ya que los créditos deben estar en relación al costo del dinero, fijado por la tasa TIIE, en vez de seguir la irracionalidad de indexarlos al salario que debe ser garantizado y protegido por todo tipo de regulaciones.

Lo que debe regularse es la ganancia desmedida de la banca que opera en México, que en rigor se llama agiotismo, aunque los magistrados de la Suprema Corte lo nieguen mediante confusos argumentos.

Debe regularse también el excedente de las empresas de tal manera que su generación de capital sea acorde a los porcentajes que existen en el mundo y evitar que se tenga una tan alta generación de riqueza como la que hay en México a costa de los execrablemente bajos salarios.

Y, si la meta del salario es, como está asentado en la Constitución, ofrecer una vida digna a los trabajadores, tener presente que, con el costo de los combustibles, los energéticos, las tasas de interés bancario y los elevados impuestos, el trabajador debe acceder a un salario mínimo de 500 pesos diarios.

Esto es difícil lograrlo de un año al otro, pero la gradualidad sería una herramienta, de tal manera que la meta se consiga en pocos años, siempre sin restringir el mercado interno.

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