El velorio de un infante en Minatitlán (1858)

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A la memoria de nuestros familiares y amigos que se nos han adelantado… No se han ido del todo…

Florentino Cruz Martínez

Cronista de Cosoleacaque

En 1858 el artista suizo Johann Salomon Hegi, nacido en Zurich en octubre de 1814 y muerto en la misma ciudad el 11 de diciembre de 1896, trabajaba como dibujante en la Comisión de Agrimensura y Levantamiento Topográfico del Istmo de Tehuantepec, una empresa establecida en la entonces villa de Minatitlán.

En 1849 había llegado a México para probar suerte como artista, viviendo en la capital de la república hasta 1858. Al siguiente año de su estancia en nuestra región, se trasladó a Huatusco y al puerto de Veracruz. En junio de 1860 regresó a Suiza, viviendo con sus familiares en Schafhausen. Radicó luego en París, Ginebra y Zúrich, donde finalmente ocurrió su deceso.

Durante su estancia en la región, Hegi recorrió la barra del río Coatzacoalcos y los pueblos de Chinameca, Jáltipan y Acayucan. Sus dibujos y acuarelas, acompañados de breves anotaciones, fueron publicados en el libro Veracruz de 1849 a 1860 (Grupo Aluminio, México, 1989). De allí hemos tomado una acuarela referente al velorio de un niño, acompañado del siguiente texto.

El velorio de un infante

A la ceremonia invitan parientes y amigos. El cuerpecito yace cubierto de flores, sobre una mesa u otro mueble elevado, rodeado de veladoras. Las mujeres dan el pésame a la madre y se quedan hasta que los músicos dan la señal para que empiece el baile –que la madre tiene que abrir, a veces con lágrimas en los ojos–. El que no participa se sienta a jugar o se pone a conversar con sus compadres, acompañado de una taza de chocolate o de un vaso de aguardiente.

Ya me había habituado a algunas costumbres mexicanas, como por ejemplo a oír música de baile en la iglesia, pero que la muerte de un niño se festejase así, me parecía incomprensible.

Cuando lo dije a un conocido, éste me explicó que la Iglesia nos enseña que las criaturas inocentes se van directo al cielo, sin pasar por el purgatorio, y por lo tanto hay que alegrarse. Así supe cómo la gente, sabe arreglárselas para convertir la tragedia en alegría…

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