Del Estado fallido a la ausencia de Estado

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Estudiantes universitarios perciben la realidad mexicana: Un Estado de delincuentes.

Estudiantes universitarios perciben la realidad mexicana: Un Estado de delincuentes.

Con la fuerte incidencia de la delincuencia en las filas mismas del gobierno, del que sabemos que ordena las ejecuciones en masa para los fines que le convengan, se hablaba antes del Estado mexicano como un Estado fallido y hoy de un gobierno de delincuentes.

 Plano Inclinado

Javier Pulido Biosca

 Se decía que un Estado incapaz de hacer cumplir la primera de las leyes, y la razón de ser de éstas que es la salvaguarda de la vida, es un Estado fallido.

Pero ahora sucede que los pobladores de este Estado fallido tenemos clara conciencia de que los delitos contra la vida son perpetrados por diversos funcionarios de los diferentes gobiernos, estatales, municipales y federales.

Por allá sabemos que militares –cuya función es garantizar la soberanía– reciben órdenes para asesinar estudiantes. Por el otro lado, las impolutas policías municipales de Ayotzinapa declaran, para exculparse, que entregaron estudiantes a los “sicarios” para que dispusieran de ellos, reconociendo en su excusa su complicidad.

En Veracruz, desaparecen pobladores de Cosoleacaque a manos de –también– policías estatales, cuyo “mando único” no deja lugar a dudas de quién reciben órdenes.

Y, ante todo esto silencio, no sólo de esa prensa palera que mejor calla y aplaude las invenciones oficiales, sino de instancias que son muy gritonas cuando les conviene, como las iglesias, encabezadas por la ancestralmente perversa Iglesia Católica, permanecen en silencio.

Por todo el país ya hay brotes de protesta. Estos ciudadanos han dejado de ser cómplices.

Por todo el país ya hay brotes de protesta. Estos ciudadanos han dejado de ser cómplices.

¿Permanecen en silencio o son cómplices? Son cómplices: cuando, hace años, en Cuba fue detenido un narcotraficante, se le juzgó conforme a la ley y la sentencia le condenaba a muerte. Cuando se supo esto, la Iglesia y todos sus altos prelados protestaron y declararon su hipócrita respeto por la vida. El régimen de Fidel impidió la intromisión extranjera: las leyes condenaban a muerte al traficante y fue fusilado conforme a la ley.

Los grupos Pro–vida, que peroran mojigatas consignas en contra del aborto, defendiendo hipócritamente la vida desde el útero materno, permanecen en silencio ante la masacre hecha por órdenes gubernamentales en Ayotzinapa y en tantos otros lugares. Son cómplices en su hipocresía y mojigatería.

Hay que destacar la valentía de soldados que exigen que se juzgue a los mandos que son los que dan las órdenes para asesinar ciudadanos. Ellos saben que son soldados y sólo reciben órdenes y que las decisiones se toman desde los altos mandos, quienes son los verdaderos responsables de los crímenes. No es justo encarcelar soldados cuando sus mandos, hasta la más alta esfera, permanecen impunes.

¿Y sabe usted quién es el supremo comandante de las fuerzas armadas del país? No queda ninguna duda de quiénes coordinan la delincuencia en el país y para qué lo hacen.

Twitter: @JPBiosca

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